Galician Olive Sympfony

VIGO

La ciudad olívica no produce olivas. Al menos, no las comercializa. En toda Galicia, apenas hay una mínima cosecha, radicada en Quiroga, en la Ribeira Sacra. En el resto del país, la producción es anecdótica, no por razones climáticas ni sociales, sino meramente políticas: es sabido que los Reyes Católicos mandaron levantar los olivos, en venganza por el espíritu rebelde de los gallegos.

Sin embargo, Estados Unidos, país que no se caracteriza por conocer otra geografía que la propia, nos acaba de sorprender. Leo en este diario que un bar de Chicago vive un gran éxito con su tapa más reputada: Galician Olive Symphony, que sería algo así como Sinfonía de la Oliva Gallega. Desconocemos de dónde vienen las aceitunas para hacer tal plato, pero es obvio que deben ser más sevillanas o italianas que de esta banda del Padornelo.

En Galicia, sólo hay aceitunas en Quiroga. Pero los vigueses, por nuestra parte, tenemos razones para presumir de ciudad "olívica". Nos viene el apodo del árbol que adornaba el claustro de la antigua iglesia románica de Santa María, de origen templario, como la de San Martín de Coia, barrio donde un bosque de torres de viviendas no puede ocultar un lustroso pasado milenario.

Cuenta la tradición que una rama del viejo olivo de Santa María terminó siendo esqueje y dando origen al glorioso ejemplar del Paseo de Alfonso. En el escudo de la ciudad, el olivo acompaña al castillo, para reivindicar nuestros orígenes.

Vigo tuvo también su sociedad "La Oliva", recientemente desaparecida, pero que aún dio sus últimos coletazos en la calle San Vicente, junto a la curva de Elduayen, hasta breve fecha.

Somos, pues, ciudad olivarera, aunque estemos lejos de Jaén. Nuestra producción, eso sí, es mínima, pues a cuatro árboles enanos, plantados en cuatro rotondas, sólo sumamos el ejemplar del Paseo de Alfonso y el que luce en el ábside de la iglesia de Bouzas. Eso sí, dar, que sepamos, no dan nada. Ni para acompañar un vermú. Pero nos gusta darnos lustre por el árbol, aunque no sea por su fruto.

Es probable que la tapa de Galician Olive Symphony que sirven en Chicago no se refiera a nosotros. Que esté muy lejos de ser un homenaje a Vigo. Y que, incluso, esa Galicia de la que hablan corresponda a una remota región de Polonia. Pero no por ello vamos a darnos menos lustre.

Somos vigueses, olívicos de la ciudad olívica, y presumimos de ellos con un solo árbol. Si, encima, diese olivas, no queremos pensar cómo nos jactaríamos en tal caso.

De lo que estamos seguros es de que, si nuestro olivo centenario diese aceitunas, nacerían en rama rellenas de anchoa.