Un funicular hasta el Castro

El Centro de Iniciativas y Turismo propuso al Concello, a finales de los años cuarenta, la creación de una línea hasta el monte, donde también se ubicaría un zoológico


El 18 de febrero de 1949, el Centro de Iniciativas y Turismo presentaba una instancia en el Concello de Vigo con el fin de que se ejecutase, a la mayor brevedad posible, un funicular que permitiese «el rápido y cómodo acceso de la población y de sus huéspedes al bellísimo monte del Castro». La instancia recordaba que, tiempo atrás, el CIT había propuesta esta iniciativa y que el ingeniero Antonio López Jamar había realizado «un magnífico proyecto que esa excelentísima Corporación tiene aprobado», se decía en la instancia firmada por el presidente del CIT, Gerardo Campos Ramos.

El hombre que soñó con el puente de Rande también explicaba que los trenes, cuyas carrocerías se construirían plenamente adaptadas a este importante servicio, debería partir del centro de Vigo y ascender hacia el Castro a través de la calle Ecuador, y luego descender hacia As Travesas. Sería un funicular de dos vertientes. Gerardo Campos insistía a la corporación sobre la necesidad de que el funicular estuviese ya en funcionamiento el verano próximo.

Lobos, periquitos y palomas

Pero no se detenía ahí el flujo de ideas del mencionado Centro de Iniciativas y Turismo. Ese mismo día, planteaba al Concello la creación de un parque zoológico, aunque también eran conscientes del gran coste que supondría este proyecto para el Concello. Así que el CIT quería aportar su granito de arena. El 18 de febrero de 1949, este organismo privado ofrecía al Concello una pareja de lobos, uno o dos corzos, tres parejas de palomas colipavas, una instalación de palomas mensajeras de raza selecta y varias parejas de periquitos de Australia.

La generosidad de estos amantes de Vigo aún iba más lejos, y donaban desinteresadamente para la construcción de los grandes jaulones «palos de alcornoque, con el corcho adherido, a fin de que las instalaciones se vayan efectuando, si es posible, al estilo rústico». Añadía la sociedad presidida por Gerardo Campos que el Concello solo tendría que hacerse cargo de la construcción de las jaulas para los lobos y el enrejado para las aves, así como de los jornales. «Los gastos de comida de la pareja de lobos serían nulos ya que el Ayuntamiento dispondrá su alimentación con parte de los desperdicios del Matadero Municipal», se decía en la instancia. El CIT agradecía la mayor celeridad en la realización del proyecto porque la «fiereza de los lobos exige una pronta y segura jaula definitiva y porque la próxima primavera podrá contar la ciudad con su pequeño parque zoológico». Este proyecto también estaba ideado para ser ubicado en el monte de O Castro.

Ni el funicular de dos vertientes, ni las jaulas para animales fueron vistas jamás por el monte de O Castro. El zoológico de A Madroa fue inaugurado el 18 de julio de 1971, mientras que el funicular regresó recientemente al espacio virtual de los proyectos.

Repoblación

En aquellos días, el Ayuntamiento había iniciado un amplio programa de reforestación del monte del Castro, tratando de borrar aquella imagen yerma que durante siglos marcó la cubre de Vigo. Muchos de aquellos árboles todavía se mantienen en pie hoy en día. Son los pinos radiata, que en la actualidad ya han sobrepasado su ciclo vital, y que serán sustituido progresivamente por otras especies caducifolias. O por lo menos, esa era la intención de los técnicos de jardines.

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