El experto en efectos especiales y profesor adora el cine clásico y devora films de terror por deformación profesional
09 feb 2009 . Actualizado a las 12:26 h.Cuando llegó a Galicia, Ricardo Spencer era prácticamente el único técnico en efectos especiales con el que se podía contar para cualquier espectáculo que requiriese de una ración extra de fantasía y emoción. De eso han pasado ya trece años y curiosamente, Ricardo Spencer sigue siendo de los escasísimos expertos en la materia, solo que ahora es mucho más experto que antes y ha diversificado sus actividades, tanto didácticas como profesionales. Además de dar clases (en la Escuela de Imagen y Sonido de Vigo y en la Facultad de Publicidad en Pontevedra), el artista de los FX tiene empresa propia con sede en una gran nave en Cabral en la que los artículos pirotécnicos comparten espacio con figuras desmembradas y armas de pega. Lo llaman para largometrajes, para cortometrajes, para anuncios, para series de televisión, producciones teatrales e incluso para maquillar a equipos de patinaje artístico.
Spencer, que nació en la ciudad brasileña de Recife, llegó a Vigo en 1996. Los platós fueron parte del decorado de su infancia, ya que es hijo del cineasta Fernando Spencer y muchas veces le llevaba a los rodajes. Sin embargo, su formación dio muchas vueltas hasta acabar confluyendo todo en una misma cosa: «Empecé estudiando técnico de laboratorio y fue mi primer contacto laboral con la sangre», cuenta. Después empezó la carrera de Farmacia, que no acabó, se fue a hacer la mili y durante un año aprendió de material bélico y los explosivos en la Academia de Oficiales y más tarde decidió retomar la universidad, pero esta vez como estudiante de periodismo en la rama audiovisual. Paralelamente se dedicaba a los títeres haciendo la parte escultórica y técnica. «Sumados todos estos factores, al final caí en los efectos especiales», resume.
Cuando llegó a Vigo, lo hizo precisamente gracias a la compañía de títeres con la que trabajaba en Brasil. «Nos vieron actuando y nos invitaron a realizar una gira por Galicia y Portugal, volví a Brasil para terminar Periodismo, y regresé a Vigo para quedarme», explica.
Cuando se introdujo en el mundillo de los efectos especiales, el audiovisual gallego despuntaba, pero el volumen de trabajo era mucho menor que el actual. Finisterre y Blanca Madison fueron sus primeras películas, y entre las últimas está Los lunes al sol o la serie Libro de familia . Además, le encargan producciones por toda España y no pierde el contacto profesional con Brasil, donde la industria audiovisual es muy potente. «Ahora hay bastantes empresas de efectos especiales digitales o animación, pero que hagan efectos reales y físicos, pocas. Está Alberto Hortas en Santiago, que trabajó, por ejemplo, en El laberinto del fauno , un armero en A Coruña, y yo», asegura.
Miel, guisantes y almejas
Uno de los últimos trabajos de Spencer está actualmente en cartel, ya que se encargó de toda la fantasía de la obra Dr. Jekyll y Mr. Hyde en el Teatro Arte Livre, «fue una labor muy intensa en la que acabé involucrándome mucho», confiesa.
No hace falta bregar todo el día con monstruos y cadáveres para dedicarse a los FX. De hecho, entre lo que más le piden están las botellas rompibles, ya que el atrezzo también es de su competencia además de saber de armas, efectos de bala o voladuras de coches entre otras muchas cosas. «Todo esto es creatividad y manualidades», concluye. Conocimientos de electrónica, química, anatomía y algo de cocina ayudan a los especialistas a crear sus trucos, muchos de ellos elaborados con ingredientes que se pueden encontrar en el súper. Por ejemplo, el vómito de la niña de El exorcista , que era crema de guisantes, o las babas de Alien , que eran secreciones de almeja con capas de lubricante, o la sangre con el sello Spencer: «Mí receta es con miel, conservante y colorante, es la mejor», afirma.
Aunque trabaje rodeado de cadáveres de pega, a Spencer lo que le aterroriza son ciertos bichos: «Lo que me da miedo de verdad son las cucarachas. Les tengo pánico», asegura. Lo que le da pavor lo real y lo que le apasiona es el cine. David Cronenberg ocupa un pedestal junto a Chaplin o Buñuel, y su gran maestro de los FX es Tom Savini. Ricardo se define como un cinéfilo, pero ve mucho gore , trash y terror por deformación profesional: «Casi todo es bazofia sin mérito artístico pero técnicamente son infalibles», admite. El experto atesora películas en DVD y si el menú incluyen el Cómo se hizo , «las compro compulsivamente ya sin ver ni el título», reconoce.