La historia de Álvarez es la historia del mayor de los éxitos y la del más estrepitoso fracaso.
De ser el grupo cerámico más importante de España en los años sesenta pasó a desaparecer del mapa de forma definitiva en el 2001, tras un proceso traumático.
Porcelana, loza, cristal, refractarios, lámparas, artículos para regalo, decorativos, cuberterías y servicios de mesa para la industria hotelera formaban parte de su producción. Santa Clara era la marca que abanderaba la porcelana, mientras que Royal China se destinaba a la loza y Casablanca al cristal. Los refractarios se presentaban bajo la firma Manesa.
El grupo vigués llegó a tener hasta 34 sucursales en veinticuatro ciudades españolas y a diseñar conocidas piezas como el popular cenicero de Martini.
Su nacimiento tuvo lugar en 1929 en el centro de Vigo, en concreto en el barrio de Casablanca, con una fábrica de cerámica y vidrio. Enseguida este espacio se quedó pequeño y ya en 1938 los propietarios adquieren unos terrenos en la parroquia de Cabral para trasladar la industria y ampliar las instalaciones. Tres años después empieza la actividad en la nueva sede con las fábricas de Vanosa, dedicada a la fabricación de envases de vidrio, y Santa Clara, esta última de porcelana y la que más fama proporcionó al grupo. La industria supuso un revulsivo no solo económico, sino también social, tanto para Cabral como para Lavadores.
El ascenso imparable se refleja en la apertura de dos nuevas fábricas en 1948: Royal China y Casablanca.
Una década después Álvarez contaba con 21 establecimientos repartidos por distintas ciudades de la geografía española, cifra que llegó hasta los 34 locales en 1963, transcurridos dos años desde la inauguración de la fábrica de Alfares de Ponte Sampaio (Pontesa), en Arcade, para la elaboración de loza. En esos años la facturación de la empresa era de 5.000 millones de pesetas y la plantilla, de 5.000 trabajadores.
La expansión continuará con la apertura de nuevas fábricas hasta la década de los setenta, en la que empieza el declive, coincidiendo con la muerte de Moisés Álvarez y el paso del grupo a sus hijos, así como la aparición de otras empresas del sector, que suponen una competencia hasta entonces desconocida para Álvarez.