Vía muerta para el puerto seco

VIGO

La plataforma logística de Salvaterra será la única nueva creada en España con acceso de tren con un ancho a eliminar

11 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

En la confianza que da el café entre ponencias de un congreso de ingenieros y empresarios, un alto cargo de la Autoridad Portuaria viguesa se lamentaba del hecho de que mientras los grandes puertos gallegos están llevando a cabo sus puertos exteriores para agrandar su espacio y posibilidades, Vigo es el único que ha corrido a hacer lo mismo pero en el interior. La cierta autocrítica hecha en voz baja desde el propio puerto a la plataforma logística de Salvaterra-As Neves todavía lo es mayor y con dosis de incluso perplejidad entre los expertos en ferrocarril que ven como ese proyecto nace mutilado en su planteamiento, al menos en lo que se refiere a sus comunicaciones.

Si ya fue difícil que Xunta, puerto y Fomento se pusiesen de acuerdo para sufragar el enlace viario del puerto seco con la A-52, pues nadie quería pagar el pato, ahora no se mueve un dedo para reclamar que la plataforma cuente con un enlace de ferrocarril preparado para el cambio de ancho de vía que ultima el Gobierno central en todo el Estado. Aunque los políticos se esfuerzan en recalcar que el cambio de ancho es casi tan fácil como montar el viejo Ibertren, los ingenieros del ramo lo niegan de principio a fin. Recuerdan que esa decisión es solo política, que se está retrasando no saben por qué, y que hasta ahora solo se ha hecho un experimento en Huesca y que no ha satisfecho a nadie, incluidos los altos cargos de Fomento.

Pero mientras media España es cruzada ya por las vías de ancho internacional abiertas para el AVE, Galicia soporta en su todavía inconcluso eje atlántico Ferrol-Tui el antiguo ancho ibérico, que le impedirá, hasta que no sea modificado, incardinarse, como al estrecho FEVE, en la red principal. Pero si ya es poco entendible como una obra se hace con anchos llamados a desaparecer, todavía es menos comprensible que una infraestructura del tamaño, complejidad y coste de la plataforma logística sea la única de nueva construcción en España que no contará con el tamaño internacional, o al menos un sistema que permita combinar los dos existentes.

Mientras tanto, Portugal espera a que España decida cuándo va a adaptar el ancho de sus antiguas vías a las del resto de Europa para hacer lo propio en el territorio luso, o en el mismo puerto de Leixões, donde no saben ni que material rodante comprar a la espera de la mudanza hispana. Eso sí, los portugueses ya saben que en el parque tecnológico de Valença estará unido a la red de tren rápido que parará en la población fronteriza, para que además del mercadillo de los miércoles, recalen allí todas las mercancías que por espacio, precio o comodidad no lo quieran hacer al otro lado de la raya.

Pero en el debe de Portugal, además de no haber puesto en marcha ni un kilómetro de la red de su tren rápido, hay que apuntar eso sí, una afición de sus dirigentes a tirar la piedra y esconder la mano, táctica evidenciada después de protestar ante España por la «indefinición» en el tema del cambio de ancho de vía, y envainar dicho enfado cuando Madrid insinuó con recalcular su aportación a la colaboración en materia de infraestructuras entre los dos países.