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Miembros y amigos de la «peña cemento» despidieron el 2008 con un tradicional baño en las gélidas aguas de A Guarda
02 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Todos los gallegos celebraron un fin de año pasado por agua pero un grupo de amigos y, por iniciativa propia, lo hicieron en toda su extensión, en la de la playa guardesa de Area Grande. Veintitrés intrépidos bañistas consiguieron que la estampa en el arenal a día 31 de diciembre pareciese la de un día de verano, sino fuera porque los termómetros casi no superaban los trece grados, sobre el cielo amenazaba el aguacero y los demás usuarios estuvieran pertrechados con la ropa de abrigo que requería la ocasión.
Es el rito con el que la «peña cemento» despide cada año pero, ni mucho menos, es algo inusual para sus 22 miembros, ya que, tal y como señaló su presidente, Ignacio Álvarez, los veteranos, que se constituyeron como peña en 1966, ya se bañan independientemente de la estación, en las aguas del océano Atlántico. Las bondades de esta práctica parecen casi milagrosas «porque seguimos viniendo la mayoría». Se reúnen entre 8 y 15 bañistas pero la cita de fin de año es la más popular.
El abanico de edades comprende todas las generaciones. Primer baño para Marcos Pimentel que, con nueve años, se inició en el rito de la mano de su padre, Antonio, presidente del Codesal. Éste celebra además su cumpleaños y asegura que « é a mellor forma de celebralo, é que hai saúde e humor». Tampoco faltó a la cita el veterano, César Castro, de 92 años, aunque esta vez como espectador porque «el médico me aconsejó no meterme en aguas frías» y Pepe Berdeal. Los promotores explican el por qué de su nombre, que no tiene que ver con quedarse como un bloque tras el chapuzón. La respuesta es aún más sencilla ya que hace referencia a la rampa de cemento por la que acceden al arenal. Antes, cuando no había medios de transporte, señala Moisés González, de 75 años, «nos bañábamos en la del centro del pueblo, la de O Carreiro, bajábamos cuando cerrábamos el negocio».
Tanto él como los que ayer le acompañaron (Leoncio Rodríguez, Antonio Lomba y su hijo, José Carlos Aldir o Ramón González) dan fe de los efectos positivos de su hábito. Y es que, además de «curtir la piel o divertirse», aseguran que es la mejor vacuna contra la gripe. Trujillo, de 66 años y con casi tantos de baños diarios en el mar, asegura que «nunca tiven enfermedade algunha e os dous resfriados que tiven vin bañarme e pasaron».