El escritor vigués publica «Contento del mundo», un conjunto de relatos cortos protagonizados por seres víctimas del azar
30 dic 2008 . Actualizado a las 11:27 h.Un político nacionalista amante de la floricultura que patea sus tulipanes porque crecieron conformando la bandera española, o un marido despechado que antes de suicidarse arguye un plan para arruinar a su esposa son algunos de los relatos cortos que conforman Contento del mundo , (Ediciones del Viento) el estreno literario de José Sánchez Pedrosa (Vigo, 1969).
-¿Le falta algún sustantivo al título?
-Es una traducción del «contentus mundi» latino, el tópico medieval de rechazo a los valores terrenales en favor de la verdadera vida del Más allá. Sin embargo, yo creo que los actos humanos son casi todos irrisorios. El contento del mundo es irónico, desde la primera cita del libro, recogida de Pessoa, o desde la foto de portada. No, no le falta ningún sujeto, sino que yo estoy irónicamente contento del mundo.
-Para los relatos eligió individualidades, ¿no le interesa la colectividad?
-Son protagonistas a contrapié del mundo; o les atropella el azar, o no están a gusto. Tienen que ser individuos porque el destino es individual. La colectividad es un fraude y una mentira.
-¿No confía en la naturaleza humana?
-No soy un optimista, tampoco soy un tipo depresivo, si no no escribiría, el escribir ya es una forma de claudicar, así que yo, en cierta manera, sí estoy contento del mundo. Pero sí es verdad que no le encuentro mucho valor al ser humano tal como es. Es lo que intenta demostrar el libro. Un hombre sometido a unos instintos que actúan casi siempre en su contra.
-¿Tampoco confía en las instituciones?
-No, por supuesto, desconfío del hombre cuando hay más de dos personas. En el primer relato, los niños linchan a los Reyes Magos porque la masa incluso acaba con la inocencia. Me da mucho miedo cuando se juntan varios hombres, siempre acaba pagándolo alguien.
-Es su primer libro. Supongo que está muy pensado.
-Sí, soy un autor tardío. Tampoco he sentido nunca la necesidad de publicar, así que es la irrupción de un autor maduro, no un tanteo. Es el producto de una búsqueda.
-¿Por qué eligió el formato del relato corto?
-A mí lo que me cuesta trabajo es la novela; un esfuerzo sostenido de doscientas páginas de construcción de un mundo artificial va contra mi manera de escribir. Si el mundo real está fragmentado, en la literatura también ocurre. En cierta manera, es algo natural la manera de escribir en corto. Las novelas, incluso como lector, me causan un poco de hastío.
-¿Por qué ubica sus relatos en ámbitos espaciales tan concretos?
-El libro está escrito como si fuera un periódico o un atestado judicial. La intención es doble. Para compensar la evidente exageración de situaciones, que puede despistar al lector, me veo obligado a contrarrestarla a través de la ubicación realista. Por otra parte, tengo una concepción del estilo literario que consiste en el despojamiento de la acumulación de adjetivos. He descubierto que el estilo reside en la sintaxis, no en el adjetivo ni en el adverbio. Por eso tiene cierta apariencia de periodismo, que no busca lo literario, como tampoco lo busco yo. Creo que esos adornos literarios caducan inmediatamente y en la sintaxis es donde reside el estilo.
-Es usted profesor de literatura, y ha estudiado a fondo a Julio Camba, ¿viene de ahí esa relación con el periodismo?
-Julio Camba es uno de los modelos de escritura limpia y de sintaxis. Uno empieza a escribir bien cuando se deja de dar importancia, y Camba se dejó de dar importancia muy pronto, y tiene un fraseo limpísimo. Lo admiro mucho. Por otra parte, Julio Camba era un descreído absoluto. Sí que comparto con él mucho valores.
-La singularización que hace de los personajes hace pensar en personas reales.
-Tampoco era esa mi intención. Hay sátira política. A veces, sí, pero no me gustaría que fuese la única lectura de los relatos. Juego con los nombres que, a veces de una forma irónica, significan lo contrario a un nombre real. Está hecho para que el lector desconfíe de todo, incluso del narrador.
-¿Ya no reside en Galicia?
-Vivo en Francia, me sentí un poco claustrofóbico; se me hacía el mundo demasiado pequeño, y me fui.
-¿Por una situación determinada?
-Es un conjunto de todo, llegó un momento en que no me sentía a gusto y me busqué una salida. Pero tampoco es un drama, ni un exilio, ni una emigración; simplemente es un cambio de domicilio. Jamás he vivido más de cuatro años en un mismo sitio.