Hay indigentes que normalmente duermen en las dependencias bancarias del centro; entre el jueves y el sábado no pueden hacerlo por las amenazas de algunos
21 dic 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Un hombre duerme en un cajero y una mujer monta guardia en la puerta. En primer plano, casi encima de la oficina bancaria, una guitarra acústica ruge mientras varias voces femeninas se desgañitan a su lado. No es que haya solo un pequeño grupito al lado del cajero: el viernes ya es sábado y la plaza de O Berbés está poblada por pequeñas tribus de bebedores. A lo largo de la noche aúllan, cantan, gritan y se divierten, siempre muy sonoramente. Es imposible que alguien pueda dormir con ese estruendo a un paso. Pero el hombre del cajero ni se inmuta, tumbado de espaldas a la calle; la mujer parece intranquila.
El cajero de la plaza de O Berbés es el único de entre los cercanos al centro urbano que este viernes por la noche tenía un ocupante intentado conciliar el sueño. En ninguno de los demás había nadie. En la Porta do Sol, en Colón, en Urzaiz, en Policarpo Sanz, en García Barbón... Todos pasan las noches del fin de semana vacíos, excepto cuando alguien entra a sacar dinero. Y no porque de repente los indigentes se hayan esfumado, sino porque buscan lugares alternativos para hacer noche.
Dormir en el corazón de Vigo está más caro que nunca. El botellón excita las ganas de juerga de sus usuarios y los indigentes también lo padecen. Ellos mismos aseguran que en los fines de semana no pueden dormir en los cajeros de los bancos por las molestias que les causan continuamente los jóvenes borrachos.
«Dicen: ''Échale dos monedas o préndele fuego''», cuenta Carmelo Martínez, que duerme en la calle. «No entienden que no estás por gusto, que es mejor esto que robar», dice. En las noches de diciembre, el mercurio se empeña en contraerse hasta los cero grados. Las personas que no tienen hogar buscan refugio en cualquier parte. De ahí que muchas casas en ruinas del Casco Vello sean utilizadas cada noche por los indigentes para resguardarse. «No lo hacemos por gusto», repiten, refiriéndose también a los cajeros automáticos.
Las mismas personas sin hogar explican que entre los lunes y los miércoles pueden dormir en los cajeros del centro de la ciudad. Es a partir del jueves cuando ya se convierte en imposible. Culpan a los jóvenes que acaban el botellón y se trasladan a los locales de copas. Se sienten amenazados.