El Racing de Chapela reúne desde hace un año a deportistas discapacitados venidos de otros clubes entre los que acoge a campeones gallegos de cinco disciplinas distintas
19 dic 2008 . Actualizado a las 12:36 h.Se van esparciendo por la pista del pabellón ante la atenta mirada de Quique Carro. Un tipo bonachón, de verbo suelto, que ha dedicado sus últimos treinta años a fomentar el deporte entre personas con algún tipo de minusvalía psíquica. «Estaba en distintos clubes de la provincia y los padres me pedían que los reuniera a todos en uno solo». Esa penúltima batalla le ha llevado hasta Chapela. A un club, el Rácing, que nació con dos equipos de fútbol sala para los jóvenes del barrio, chavales sin ningún tipo de discapacidad, y que se ha convertido en un ejemplo de integración.
«Empecé con Aspanaex jugando al fútbol sala. Quique era mi entrenador allí y me convenció para venir a este equipo, si no, no lo hubiese hecho nunca». Quien habla es Miguel Rey. Entre porterías se desenvolvía bien y quizá por ello se proclamó, con sus compañeros, campeón gallego en el fútbol de sala. Pero su afán no se quedó ahí. En Chapela probó con el baloncesto y el tenis de mesa. Acabó logrando el título gallego en ambas disciplinas. «Lo intenté con la natación, pero me salen puntos en la piel por el cloro».
Junto a Miguel corretea Loira Fernández, una cría con síndrome de Down. A ella, los puntos en la piscina le salen en lo alto del luminoso. «Me gusta mucho nadar, sobre todo la mariposa, y este año gané la prueba en Granada». Loira se proclamó campeona de España en la distancia de 100 metros. El próximo año repetirá en Sevilla.
La natación es una de las grandes esperanzas del club para el próximo campeonato de España que se celebrará en Febrero. «Tenemos chavales que están entre los cuatro mejores», saca pecho Carro. Entre ellos, Jose Luis Ezama. Trabaja en un centro de reinserción para enfermos mentales en Redondela.
«Nado los 200 libres, los 100 braza y los relevos 4x100. Ya que me echo a la piscina hay que pegarle a todo como Phelps», sonríe. En el club lo convencieron para que jugara al tenis de mesa. Acaba de proclamarse campeón gallego en dobles. Como no tiene mesa entrena en casa de Roi, otro miembro del equipo que se sujeta en una muleta. Hoy mismo le sacarán el yeso. Se cayó volviendo del cine y destrozó el peroné.
Aunque en su casa luce el regalo de la mesa, que comparte con los compañeros, lo de Roi Regueiro es la natación. «No campeonato galego gañei os 50 metros braza cunha marca de 48 segundos, a menos de metro por segundo». Fue sexto en el campeonato de España y cuarto por selecciones.
Sergio Rodríguez es un ejemplo de que la edad no es más que una estadística. Tiene 54 años. Hace cuatro comenzó a desarrollar su pasión, la de correr. Lo hizo en Moaña, donde conoció a Quique Carro. «Soy pensionista, empecé haciendo carreras populares. Bajé treinta kilos». Se proclamó subcampeón gallego de maratón y ganó la prueba de los 3.000 metros en Vilagarcía. Una distancia que repetirá en el próximo campeonato de España, que se celebrará en Zaragoza y para la que entrena en las pistas de Balaídos.
Es solo un botón más de muestra para una modesta torre de babel digna de los mejores elogios.