Galicia tiene un grave problema con la lengua. Es algo que está haciendo un enorme daño, causando incontables víctimas, dividiendo, segregando, y provocando en general una paranoia colectiva de inciertas consecuencias. El problema de la lengua es dramático y, además, nuevo. Hay que decir que se ha desatado en los últimos dos años y que ha llegado la hora de afrontarlo. Galicia tiene un problema con la lengua azul.
Tenemos en Galicia ya casi cien granjas afectadas por el Bluetongue virus (BTV), un bichito llegado de África que está ocasionando enormes pérdidas a nuestros ganaderos. Con buen criterio, la Consellería de Medio Rural ha distribuido miles de vacunas y se confía en que, a mediados del próximo año, demos por atajado el brote, producto de un mundo globalizado en el que los parásitos, como el mosquito que transmite esta enfermedad, viajan por el planeta cómodamente, en primera clase, a bordo de contenedores, barcos y bodegas de aviones.
Así pues, el único problema que Galicia tiene con la lengua es con la lengua azul , por mucho que un grupo de entusiastas haya decidido sacar rédito político a comparar la situación lingüística de este país con otros, como Catalunya, por ejemplo.
En una reciente campaña del más famoso de estos grupos, se exige que, en los letreros de las carreteras, se rotulen las localidades en dos idiomas: castellano y gallego. Dando muestras de ironía literaria, califican la situación actual de atropello , palabra que viene muy al caso de la señalización viaria. Con gran indignación -estos señores parecen siempre muy enfadados-, se denuncia que el conductor que viene de Madrid se ve obligado a leer carteles confusos, donde se atribuye a las localidades gallegas de toda la vida nombres incomprensibles.
Se pretende que un conductor que, al pasar Navacerrada, lee La Coruña puede perderse si, al pasar Pedrafita, lee A Coruña . Lógico. Ante tanta confusión, es obvio que este señor se extraviará.
Otro tanto le ocurrirá al que, viniendo de Valladolid, se encuentre de pronto con un cartel que pone Ourense . ¿Qué diablos será eso?
Víctimas de semejante abuso, andan los conductores perdidos, sobre todo cuando llegan a O Carballiño, que no lo identifican pues el cartel no pone El Carballino , cuando en realidad debería decir El Roblecito , que ya sería perfecto.
Yo no sé, francamente, qué pretende esa organización que tanto sale en los medios, aunque puedo imaginarlo. Creo que la proximidad de las elecciones influye en sus campañas. Y me asombra que insistan en inventar problemas donde no los hay. Los veo, francamente, un poco perdidos. Supongo que por la mala señalización de las carreteras. Y no sé qué mosca les habrá picado. probablemente la única que provoca un problema lingüístico en Galicia: la de la lengua azul .