Eran las únicas notas de calor musical en una mañana gélida. Las escuchaban ayer los transeúntes que pasaban ateridos por la calle peatonal de O Calvario. Procedían de un viejo acordeón que hacía sonar un músico callejero rumano. Pasqu Ionel (34 años) apenas lleva tres semanas en Vigo. Su estancia se prolongará hasta que se le agoten las propinas. De malvivir en su país, a la simple subsistencia. Su arte se circunscribe a la tradición musical gitano rumana. -¿Dónde aprendió a tocar? -En Rumanía. Empecé a tocar desde muy joven. -¿Actuó con algún grupo? -Sí, incluso formé una orquesta. Se llamaba Azur y estaba compuesta por seis músicos. Tocábamos en los cafés de Bucarest y también ofrecimos algunos conciertos. Pero no ganaba para comer. Lo mismo le sucedía a mis compañeros, por lo que decidimos disolvernos. -¿Y usted decidió emigrar? -Viajé a España con mi acordeón y recorrí toda la costa del Levante (Valencia, Castellón y Alicante). Siempre he tocado en la calle. También estuve en Barcelona y en Madrid. Hace unos veinte días que llegué a Vigo y no se si me quedaré mucho tiempo. Todo dependerá de las gratificaciones económicas que reciba de la gente. -¿Cómo le va por esta zona de O Calvario? -De momento, bien. Yo le ofrezco mi música a la gente que pasa por la calle y ellos me obsequian con algunas propinas. Incluso alguna vez me han aplaudido. Les suelo sonreír, y sigo tocando. -¿Qué tipo de música? -Sobre todo vals, tangos, algo de foxtrot y algunas piezas de Mozart. -¿Cuántas horas toca en la calle? -Por las mañanas, suele tocar un par de horas y, por las tardes, hasta tres horas más. -¿Le llega para comer? -Consigo entre 15 y 20 euros cada jornada. Además me permite ahorrar algo para mi familia. -¿Tiene hijos? -Sí, tres niños, que están con mi esposa y mi madre en Rumanía. -¿Pasará las Navidades con su familia? -Eso espero. -¿Le gusta Vigo? -Sí. Es una ciudad muy bonita y acogedora. Sin problemas.