La Iglesia atribuye a un hecho sobrenatural la sorprendente sanación de una vecina de Baiona aquejada de una pioderma gangrenosa incurable que rez??o a Sor Clara
10 dic 2008 . Actualizado a las 12:03 h.La inexplicable curación de una vecina de Baiona ha hecho que el Vaticano continúe con el proceso para la canonización de la religiosa Sor María Clara, fundadora de la congregación de las Hermanas Franciscanas Hospitalarias de la Inmaculada Concepción, fallecida en el año 1899.
Georgina Troncoso Montenegro, que ya ha cumplido los 81 años, se encomendó a ella después de abandonar los tratamientos de la pioderma gangrenosa que padecía desde hacía 34 años, una enfermedad incurable que estaba acabando con los tejidos de su brazo derecho, que los médicos estuvieron a punto de amputarle.
Un buen día, el 12 de noviembre del año 2003, se despertó y observó cómo ya no sentía ningún dolor y tampoco quedaban rastro de sus heridas, que, de la noche a la mañana, habían aparecido sustituidas por una capa de piel muy fina. Vive con sus hermanas en un piso del centro de la villa, mueve el brazo con total normalidad y no ha vuelto a sufrir ninguna recaída.
Afirma que todo se lo debe a las monjas de Baiona, que hasta ahora han gestionado la guardería en el antiguo hospital. Ellas fueron las que le dieron la estampa conmemorativa del primer centenario de la muerte de Sor María Clara, de la que no se ha vuelto a separar. «Mi médico, el cirujano Ignacio de Castro, falleció en julio de 2002 y entonces pedí a la Madre Clara que en adelante fuese mi médico», afirmaba ayer. Así, se dedicó con fervor a solicitar la intercesión de la religiosa e incluso se pasaba su estampa por la zona afectada por la enfermedad.
«Sentí una gran emoción cuando me vi curada y lo primero que hice fue llamar a mis hermanas para contárselo, no dudaba de que había sido un milagro», manifestaba ayer. Días después acudió a la congregación para entregarles un donativo en señal de agradecimiento, y éstas le recomendaron que pusiera el milagro en conocimiento del Vaticano.
Georgina y sus hermanas siempre han sido muy religiosas, una de ellas pertenece a la Compañía de María, en Ferrol. Nunca ha dejado de asistir a diario a misa en la antigua Colegiata de Baiona, para dar gracias. «Ahora rezamos para poder estar en el acto de beatificación que se celebrará algún día en Fátima», comenta Olga, su hermana gemela.