Son todos «neghros»

VIGO

Por razones profesionales, un amigo vigués se vio obligado a residir en Coruña en una época terrible: Los años del llamado Súper Dépor. Mientras andaban allí de fiesta en fiesta, salvo por aquel traspiés de Djukic, no quería yo imaginar qué indecibles padecimientos debía afrontar este camarada, condenado a que le pasasen la bufanda blanquiazul por las narices, lo que le producía tal alergia que le entraban ganas de sonarse con ella los mocos. ¡Pobriño!

Un día, sin embargo, contó una anécdota coruñesa que retrata el fútbol que hoy sufrimos. Estaba este buen hombre en un bar, cuando entró un aficionado exaltado. «¡Manolo!, -le gritó a un paisano- ¡Gañou o Dépor!». Con ningún entusiasmo y un mohín de desprecio, el otro se encogió de hombros y contestó: «Son todos neghros».

No se busque en el comentario un tinte racista, porque su intención era otra. En realidad, es una muestra de humor gallego, que existe. Podría haber dicho «son todos extranjeros» o «no juega nadie de aquí». Y tendría toda la razón. Pero aquel señor sentenció «Son todos neghros», encogiéndose de hombros, ajeno a la gloria de su equipo, al que ya no consideraba propio, y era en realidad un visionario, un adelantado a los tiempos que habrían de venir y ahora vivimos.

Que el fútbol se ha convertido en un deporte de mercenarios ya los sabemos todos. Que el jugador que hoy besa el escudo, mañana escupe sobre él, es conocido. Y que los clubes son ahora una propiedad privada, que se administra como un cortijo, no es un descubrimiento para nadie.

La gente deserta de lo estadios porque ya no siente el fútbol como algo entrañable, propio, el símbolo que todo club era. Para terminar de oscurecer el panorama, acaban de surgir pruebas de una sospecha generalizada: Que algunos partidos, en especial hacia el final de temporada, están amañados. Según todos los indicios, el Celta ha sido víctima de una estafa, que lo condenó a descender a Segunda porque el Levante cobró un soborno del Athletic de Bilbao por dejarse perder en el último partido de la Liga 2006/07. Al margen de las grabaciones, resulta ilustrativo el resumen de aquel partido, en el que los levantinos perdonaron siete goles claros y terminaron marcando en propia puerta.

Confiemos en que se investigue esta podredumbre y se castigue a los culpables. También en el escándalo que confesó el ex celtista Jesuli y que perjudicó a la Real Sociedad. Pero la costumbre de tapar escándalos nos da pocas esperanzas.

Ante casos similares, Italia no dudó en descender equipos e imponer multas millonarias. Otro tanto sucedió en Portugal la pasada campaña. Pensar que aquí esto no sucede es ser demasiado inocente. Evidentemente, este es un deporte de mercenarios. Ahora sabemos que lo es también de estafadores. Y que no habrá limpieza aunque apeste a podredumbre.