Vuelven los chistes de Arévalo. Pero no los de aquel humorista rijoso que hizo en televisión las delicias de una cierta España, sino los de Nidia Arévalo, flamante candidata a la Alcaldía de Mos con la ayuda de un tránsfuga. En materia de risas, sin embargo, ambos son equiparables.
Afirma Arévalo (Nidia), que su decisión ha sido «moi meditada», una auténtica humorada, teniendo en cuenta que no ha tardado ni una semana en anunciar el contubernio. Añade que «é preciso virar o rumbo do Concello de Mos», cuando es evidente que no se busca un golpe de timón, sino un cambio de capitán. Insiste además con un chiste clásico: «O primeiro son os intereses de Mos» (para partirse de risa) y, tras administrar una leve dosis de miedo -«Quero poñer fin ao caos»-, pronuncia una de esas sentencias ferroviarias que sirven para todo: «Mos non pode perder o tren do futuro».
Si a la rueda de prensa de ayer de Arévalo (Nidia) le pones risas enlatadas, parece el Club de la Comedia. Monólogos he visto en Buenafuente que tienen menos ironía y cinismo que el pronunciado ayer en Mos, y que tuvo gags de un humor tan grueso del que no sería capaz ni Arévalo (Francisco).
Confieso que los casos de transfuguismo me reconcomen. Y no me importan los colores. Tan lamentable me pareció lo de Barreiro en 1986, como lo de Joaquín Leguina en 1989 con unos parlamentarios de AP. En ambos casos, se beneficiaron los socialistas. Y la misma repugnancia me produjo el pacto que llevó a Zaplana a la alcaldía de Benidorm (su meteórica carrera empezó por un tránsfuga del PSOE) que el escándalo de Ceuta en que una diputada socialista le dio el gobierno al GIL.
El daño a la democracia que le hacen los tránsfugas es enorme. Y no sé cómo puede soportar la ignominia de su traición Gerardo Alonso, el concejal que se ha cambiado de bando. Aunque haya sido ninguneado, e incluso agredido, por sus ex correligionarios, nada justifica que utilice el acta de concejal, que consiguió en listas cerradas, bajo unas siglas, para rebelarse contra ellas.
Supongo que, desde hoy, este señor tendrá graves problemas para afeitarse, actividad matinal que le obliga a verse en el espejo.
Urge implantar listas abiertas, al menos en los comicios municipales, que nos permitan votar a quien deseemos, sin imposiciones partidistas en una política de proximidad que es la de los concellos. Pero, mientras no existan, resulta lamentable que un tipo elegido por una formación, se pase a otra, traicionando no sólo a sus compañeros de Corporación, sino a los ciudadanos que lo votaron.
Algunos políticos se quejarán luego de la pobre imagen que transmiten. Pero alientan casos como éste, un cambalache de votos para satisfacer ambiciones personales. Mientras esto ocurre, vuelven los chistes de Arévalo, una forma de justificar lo injustificable. Por no llorar, los votantes nos morimos de la risa.