No solo de arte vive el cuerpo del artista. Los creadores también comen, aunque a veces los museos ofrecen menús ajustados a sus espíritus libres. El Museo de Arte Contemporáneo de Vigo ofreció ayer un ejemplo de lo cerca que puede estar el arte de la comida. Nicolás Villar, que desde febrero regenta Tempo, el restaurante del Marco, se propuso demostrar por qué muchos consideran que la gastronomía es un disciplina artística. En sentido estricto. Se trataba de involucrarse en la exposición 7+1 Project Room que ayer inauguró el museo, en la que ocho artistas de diferentes nacionalidades ocuparon los distintos espacios de la planta baja y de la fachada del edificio que antes fue cárcel. Villar decidió convertirse en el noveno artista y estableció un juego con el resto de los creadores que tras la inauguración de la muestra repusieron el cuerpo con un original menú degustación.
Con este propósito, el joven chef moañés pidió primero a los invitados que se liberaran de convenciones y se enfrentaran a una comida planteada al revés. Así que se empezó por el postre. Superado el impacto inicial, los convidados tuvieron que adivinar a qué nacionalidad, de todas las presentes, estaba dedicado cada plato. Hubo guiños para todos. En la lista, el chocolate con helado de aguacate en honor a la mexicana Teresa Margolles; el plátano con espuma de mojito que cocinó pensando en la cubana Tania Bruguera; el tofu que le inspiró el coreano Young-Hae Chang; o el gazpacho que cerró la paparota y que le dedicó al madrileño Fernando Sánchez Castillo, que antes de toparse con la popular sopa de tomate y pepino imaginó que quizás Madrid le sugeriría al chef una receta con entresijos y gallineja, al parecer lo más castizo del recetario del Foro.
El único gallego representado, el vigués Jorge Perianes, elucubró también con cómo sería «su» plato. Finalmente, la apuesta gallega fue una espuma de grelos con berberechos flotantes.
La inauguración de 7+1 Project Room trajo ayer a Vigo a algunos de los nombres más poderosos del universo de la creación contemporánea. A la cabeza, la galerista Juana de Aizpuru, «madre» de Arco y una de las grandes damas del arte europeo. A la mesa se sentaron también Manuel Olveira, director del CGAC; David Barro, el hiperactivo codirector de la revista Dardo y fundador de la desaparecida galería santiaguesa A Chocolataría e Inés Ramiro, directora de Adhoc.
Y además por partida doble. Primero porque en los tiempos de crisis que corren las tarjetas de crédito van a terminar por convertirse en rarezas impagable. Más que nada por los apuros de los que nos pueden sacar. En segundo lugar, porque Caixanova permitirá a partir de ahora personalizar dichas tarjetas con imágenes de los fondos de su colección de arte, que no es precisamente pequeña.
Los clientes de la entidad bancaria no tienen más que pedir el catálogo de obras y elegir la que más les guste. Así igual desenfundan con más alegría. En una segunda fase los clientes podrán realizar el diseño a su gusto a través de Internet. Somos 300.000 vigueses, pero actualmente Caixanova tiene en vigor cerca de 600.000 tarjetas de crédito y débito. Uff.
Este es el encabezamiento elegido por los integrantes de la tertulia Café Voltaire, de la que forma parte Anxo para contar que van a reunirse para brindar a su salud. Literal. El caso es que el escritor anda un poco pocho y quieren de esta forma hacerle llegar ánimos, muchos ánimos. La cita será el día 17, a las 20.30 horas, en Central Pork (Vía Norte, 40).
Además del brindis, se leerán fragmentos de su obra y se hablará de su significación en la literatura gallega reciente. «Invitamos aos seus amigos de toda Galicia a compartir o momento», dicen. Invitados quedan. Concierto a favor de Hoy por Mañana. Lo ofrecerá esta noche la coral Casablanca. Será en Caixanova, a las 20.30 horas. La recaudación irá a parar a la asociación que dirige Elena Piñeiro.