La construcción del lazareto a mediados del siglo XIX facilitó el desarrollo del puerto de Vigo

La Voz

VIGO

09 oct 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Las islas de San Simón y San Antonio, situadas en la ensenada que se abre al fondo de la ría de Vigo, tuvieron una gran importancia en el desarrollo del puerto de Vigo y, por lo tanto, de la propia ciudad. El lazareto que acogieron las islas, a partir de comienzos de la década de los años cuarenta del siglo XIX, actuó como polo de atracción obligatorio para los buques transoceánicos obligados a pasar un período de cuarentena. Como recordaba recientemente Gerardo González Martín, en un artículo, «en 1844 el puerto vigués recibió 597 buques para el comercio de cabotaje y salieron de aquí 556, que al año siguiente se convertirían, respectivamente, en 631 y 606».

El lazareto de San Simón fue el segundo que se construyó en España, tras el de Mahón. Fue utilizado hasta 1927, de una forma muy dramática durante la repatriación de las tropas españolas procedentes de la Guerra de Cuba, en 1898. Mientras la isla de San Antonio fue empleada como hospital sucio y cementerio, San Simón servía como lugar de cuarentena. Ambas islas fueron unidas por un puente de piedra. Antes de ser cantada por el trovador Mendiño, San Simón actuó como cenobio benedictino y sufrió los asaltos de vikingos y sarracenos, incluso Francis Drake, en 1583, arrasó el monasterio en su primer asalto a la ría de Vigo.

La historia de las islas en el siglo XX está vinculada a la represión franquista tras la guerra civil. Entre 1936 y 1943, San Simón y San Antonio fueron empleadas como campo de concentración para los fieles a la república. Mientras en la isla pequeña se situaban los barracones de la guarnición militar, en la isla grande se abría el lugar propiamente de internamiento.

El penal fue cerrado en 1943 y permaneció abandonado hasta 1948 en que fue transformado en un albergue nacional. Esta situación se acabó tras el trágico hundimiento de un lanchas que trasladaban a un grupo de militares pertenecientes a la guardia de Franco, que allí pasaban sus vacaciones. El balance de aquella tragedia fue de cuarenta y tres personas fallecidas. Fue uno de los accidentes marítimos más graves acontecidos en la ría de Vigo.