Zapatero pide un aplazamiento de su declaración por la «complejidad» del sumario
Cuenta una tradición milenaria que seres mitológicos habitaron desde siempre el Miño. La leyenda dice que aquellos que navegaban por su cauce, en Tomiño, y no saludaban a la lamprea, se convertían en víctimas del escurridizo animal que se alimentaba de la sangre de aquellos que no disfrutaban del río. Fábula o tradición pero «haberlas hailas». Así que los tomiñeses se reúnen cada año, como ayer, en la parroquia de Sobrada, para hacer lo propio en la fiesta que celebran en Porto Ladróns. Inmersiones en el paisaje. El lugar continúa siendo «mágico». Por eso los participantes del taller Paisajes Habitados, un elenco de prestigiosos arquitectos y alumnos de toda España, lo eligieron también para presentar las conclusiones de siete días de intensivo trabajo en los que, vestidos de rojo, invadieron la localidad en busca de alternativas de futuro para el Concello desde la óptica del urbanismo y la arquitectura. Era pues el enclave perfecto para desvelar el misterio, las claves de sus propuestas que vieron la luz en la «Noitiña do Miño» y que fueron seguidas con atención por un nutrido grupo de vecinos que compartió con ellos ideas, sueños, proyectos y problemas. La identidad del río. Los promotores del taller (el grupo Aranea) escogieron Tomiño para desarrollar el taller, por ser «un prototipo del paisaje gallego», del que lo que más le impresionó fue «la cantidad de agua y el verdor». De ahí que no sea de extrañar que los arquitectos y alumnos de la actividad vinculen la identidad de su municipio al río y propongan como punto de partida, potenciar esta unión. Los expertos alertan de que el Miño está «descuidado» y proponen crear un margen «sin copiar al de Portugal». Su idea es hacer una especie de pantalán y, para atraer a la gente, márketing, señalización y una propuesta aqrquitectónica flotante. Corredoiras revividas. El grupo de trabajo dirigido por el arquitecto Pablo Gallego apuesta por recuperar las vías trazadas desde tiempos inmemorables que comunicaban los asentamientos dispersos; una cualidad de la fisonomía local que se plantea como recurso. Una fórmula alternativa para paliar «el grave déficit de infraestructuras tanto relacionada con el agua y el saneamiento como con la movilidad ya que todo se concentra en coche». Propone «una vida, inherente a Galicia» en la que las «corredoiras» se recuperen como «un nuevo espacio público, de encuentro ajeno a la carretera, que convive al mismo tiempo con la nueva estructura agrícola tan pujante del Concello». Los arquitectos creen que «la vía llena del nuevo cultivo extensivo se introducirá en el minifundio, como una concentración parcelaria fragmentada pero siempre unida en su movilidad, que es lo que necesitan». De ruta por Tebra y San Lourenzo. «Una gran plaza de intercambio y muestra cultural, complementada por la celebración permanente de talleres, viviendas y centros de formación de artistas situados en su perímetro». Ésta es la proyección de la fortaleza de San Lourenzo, en Goián; un espacio recientemente rehabilitado. A varios kilómetros, «un novo roteiro», que uniría las parroquias de Santa María y San Salvador de Tebra «culturalmente activo, autogestionado por los vecinos y con un producto autóctono que lo identifique».
Otro de los argumentos de reflexión radica en el crecimiento constructivo sobre el que se propone la «hibridación de usos» como base para el diseño de las viviendas y huír del feísmo.