La ausencia de elecciones lleva a los socialistas vigueses a moverse ante la inminente convocatoria de su congreso local
31 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.El congreso del PSdeG dejó los ánimos un poco caldeados en el socialismo vigués. Además de ser la única delegación que llegó dividida a la cita del pasado julio en Compostela, el líder de los díscolos, Gonzalo Caballero acabó por enfrentarse al propio Touriño en una batalla que al final ganó Goliat. Pero no solo es que el ex concejal siga agrupando a un ramillete de militantes disconformes con el ahogamiento al que aseguran someten al partido los cargos públicos, es que en el Congreso quedaron algunas heridas abiertas que debido a la humedad no logran cicatrizar.
El ascenso del jefe del gabinete del alcalde, David Regades, no sentó nada bien a una parte de la oficialidad del PSOE local. Su inclusión en la Ejecutiva la coló Abel Caballero en el último segundo sin pactarla o hablarlo antes con la dirección del PSOE vigués, y eso ya anuncian que no lo olvidan, máxime cuando la delegación olívica hizo presión al máximo nivel para que le fuera concedida la presidencia del Congreso al alcalde vigués, lo que no estaba previsto pero se acabó aceptando para evitar escenas en el primer minuto del cónclave socialista, según reconocen miembros de la dirección de dicha formación.
Y ahora que al no haber elecciones habrá tiempo para que el PSOE de Vigo haga su congreso local, no son pocos los que viven en el desconcierto y en el enfado, avanzando que como haya voto secreto, la cúpula puede temblar.
Aunque todavía no hay convocatoria, tres son los nombres llamados a pelearse por el cetro de la secretaría general local. La participación de Gonzalo Caballero se da por descontada, una vez abierta la vía de la autocalificada representación de las bases. La del ex alcalde Carlos Príncipe, prácticamente también. Y la del regidor Abel Caballero se antoja entre la militancia como segura, bien con su nombre como candidato o con el de otro de sus afines, si la victoria no está completamente asegurada. Y aunque no son pocos los que van dándose de alta cada mes en las listas de afiliados del partido, convencidos por los cantos de sirena que se emiten desde el edificio del Concello y desde alguna que otra central sindical, el descontento entre las bases del partido es palpable y creciente, pues llegada la hora de las elecciones no son pocos los que necesitan más que los dedos de una mano para contar los grandes proyectos hechos por la Xunta en Vigo durante esta legislatura.
En todo caso que nadie piense que el PSOE vigués se verá inmerso en una contienda descomunal. No, sus afiliados, pese a las broncas internas, al final son muy disciplinados y dan la cara cuando llega la cita electoral. Pero el congreso local seguro que da para más de una batalla e incluso para alguna que otra guerra previa, porque los peones de cada bando ya se han empezado a mover esta semana después de vivir todo el verano desactivados pensando, como todos, que Touriño iba a adelantar las elecciones, lo que habría dejado para finales de enero la lucha por el poder interno del socialismo local.
Los tres bandos echan cuentas y nadie puede decir que tiene la victoria asegurada, aunque el temor a perder el puesto en las listas de las autonómicas puede llevar a algún grupo a guardar las armas y esperar, porque tratándose del PSOE de Vigo siempre habrá una oportunidad para desenfundar.