Ondas do mar de Vigo

VIGO

30 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Abrir Vigo al Mar fue una simpática ocurrencia del maquetero municipal de turno. Querían hacernos ver a los vigueses que ahí, detrás de todas esas grúas, trenes y demás artilugios portuarios, hay agua salada. ¡Vaya descubrimiento! pensaría el chiño del Berbés que tiene percebes hasta en las ingles. Lo curioso es que, en aquella época, aún se atisbaba la espuma marina desde ciertos ángulos de la urbe, aunque en ocasiones hubiese que hacer escorzos dignos de un pivote de balonmano.

Claro que de la maqueta al hecho hay mucho trecho, y, en este caso, no salió derecho. Como si a un chalado se le ocurriese levantar pantallas para proyectar películas de terror, el mar desapareció. La plaza de A Estrela fue el ejemplo a seguir, que ahora se vio continuado con la Kaaba levantada junto al muelle de trasatlánticos, perdiéndose el mirador de A Pedra, que ahora sirve para seguir de forma aérea la procesión del Cristo.

Pero Abrir Vigo al Mar no es más que un elemento aislado dentro de una conspiración global por alejar al vigués de sus amadas ondas. Sí, un complot total orquestado por las fuerzas ocultas del rural. ¿Si no cómo se entiende que el catálogo del Plan Xeral de Vigo solo proteja elementos arquitectónicos típicos del rural?

Aunque no se lo crean, el citado catálogo da protección a casi dos mil hórreos, 250 molinos de agua, fuentes, lavaderos, alboios, cruceiros, pozos y demás elementos propios del secano. Ni una sola referencia al patrimonio marítimo. ¿Y qué pasa? ¿Que el mar apareció ayer sin avisar ante Vigo? Complot. Esa es la explicación. A los niños vigueses les adoctrinan en las aulas sobre lo bonito que es un magosto, el Concello subvenciona el carnaval y hasta los del Berbés se echaron en manos de los maios. ¿Y el mar, qué?

Por eso, los directores del complot antimarino han decidido suprimirlo. Han decidido rellenarlo. Que no quede ola sobre ola salvo, claro está, en las playas. Pero tampoco crean que éstas se salvan, que desde que inventaron la carallada esa de las banderas azules no hay quien las pise. Si hasta hay abducidos que ya protestas porque llegan las algas a la orilla. ¡Y qué van a llegar!, ¿mazorcas de maíz?

Así que usted, vigués, siéntase orgulloso de ser atlántico y resístase a ser ruralizado.