Olores de otros tiempos

VIGO

26 ago 2008 . Actualizado a las 11:37 h.

Los olores deberían estar incluidos en el catálogo patrimonial de cualquier sociedad. De existir tal objeto, los vigueses más recientes todavía podrían disfrutar del olor a cebada que desprendía la fábrica de cervezas Skoll, que se levantaba en donde hoy está el Club Financiero. Una fábrica que no sé si era hermosa, pero que tenía el encanto del pasado. Algo parecido a lo que le ocurre a la Panificadora, aunque esa es otra historia. El intenso y desgradable olor que emanaba de las conserveras instaladas en Guixar, cuyos camiones salían y entraban por la calle Sanjurjo Badía dejando un reguero de conchas de berberechos, tampoco podría ser admirado, pero nos recordaba por qué la ciudad creció tanto. El aroma a calamares fritos era una constante en bares como el Piri Piri, de García Olloqui, y la esencia aguardentosa tenía su sede oficial en La Guinda de la calle Real.

Hoy en día, el olor a pescado se pega a la valla que separa el puerto pesquero del barrio del Berbés, pero en tiempos, aquella tufarada trepaba por las callejuelas hasta disolverse en el Paseo de Alfonso, que por algo fue real.

¿Y los vitrasas que pasaban por el Berbés, como el 7? Transportaban el olor a pescado hasta los extremos de la ciudad.

Los bares olían entonces fuertemente a vino y a las comidas condimentadas con ajadas. El almacén de Sanchón, a droguería uniforme, y la librería Cervantes, a libro antiguo, aunque fuese nuevo el género que vendía. ¿Y el olor de la bajamar? A veces, cuando tenemos viento favorable, aromatiza el borde litoral de la ciudad, evocando el olor de las playas de antes, con sus algas y sus envases de plástico flotando en la orilla.

No está muy claro si los recuerdos son algo que se tiene o, por el contrario, se corresponden con todo aquello que fuimos perdiendo a lo largo de nuestra vida.

La reflexión que hacía Gena Rowlands, en Another woman , de Woody Allen es perfectamente aplicable a nuestra ciudad. Hoy ya olemos como todos. Estamos globalizados aromáticamente, y o recendo de los naranjos en flor de García Barbón desapareció en el tramo más céntrico de la calle. Si hasta ya no huele raro en los vitrasas.