Chelo Castro , 25 años viuda, vive con una amiga para sortear la soledad. La reciente aparición del cadáver de una anciana que llevaba un mes muerta la ha sobrecogido
17 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.«¡Te traigo una noticia! Se ha hecho público el dato del PIB!». El banco corrido de madera de la plaza de la Independencia se ha convertido en un pequeño foro. A Juan Gómez Rodríguez la reciente aparición del cadáver de una mujer que llevaba un mes muerta no le sobrecoge. Desde hace veintitrés años, cuando se separó, vive solo. Pero, a pesar de que empalma los cigarrillos negros, no teme a la muerte. «No pienso en ello, pero no me preocupa. Algún día todos tenemos que morir pero yo pienso en vivir, no en morir».
Juan es optimista y muestra una cabeza matemática. Es pensionista pero sigue haciendo las cuentas con una rapidez envidiable, como cuando trabajaba en la Caja de Ahorros Municipal de Vigo. Luego estuvo a las órdenes de Pedro Sensat Curbera en Casa Mar y finalmente se empleó en una empresa de maquinaria de la que se prejubiló.
En la tertulia mañanera que se refugia del sol bajo los árboles preocupa más la marcha de la economía que los sucesos luctuosos de otra índole. «¿Para qué han servido los 400 euros de zapatero? A mí no me los han dado», cuenta Juan Gómez.
«Vivir se ha puesto muy difícil. A muchos pensionistas no les llega el dinero porque tienen que pagar un alquiler muy alto», dice Gómez.
Otro pensionista también está que trina con el reparto de los 400 euros: «¿Quién es Zapatero para repartir del dinero de todos por ahí. Pero que conste que yo no me fío ni de unos ni de otros», apostilla, para evitar confusiones.
Para algunos, del grupo tomar un café en el bar cercano constituye un lujo y se limitan a charlar o escuchar las opiniones de los demás mientras hojean displicentemente el periódico sin realizar un solo comentario.
A pocos metros de allí, Chelo Castro sí se muestra más preocupada por la muerte de una vecina del barrio. «Me parece fatal lo sucedido, que haya fallecido una personas que no la atendía nadie. Hay mucha gente sola y abandonada. Son injusticias tremendas a las que no se dedica dinero».
Chelo Castro se distrae dando de comer a las palomas. Vive en la calle López Mora y se quedó viuda hace veinticinco años. Mantuvo su negocio de mercería abierto hasta el año 1993. «Tuve que seguir luchando». Chelo considera terrible la soledad así que comparte piso con una amiga. «Nos ayudamos las dos. Bueno, ella me ayuda más a mí que yo a ella. Te tienes que apoyar con los amigos y la familia», señala esta empresaria jubilada.
Apoyo
La soledad y su relación con la violencia psicológica ha empezado a ser objeto de estudio. Carlos Mañas, de la oenegé Solidarios Anónimos, pone de relieve que «en los años 60 se reconocía el abandono y abuso infantil y en los años 80 el fenómeno del maltrato conyugal salió a la luz pública. De forma más tímida, a lo largo de estos 20 últimos años se comenzó a tratar el tema de los malos tratos y el abandono en los ancianos. Ellos también constituyen una población de alto riesgo para recibir este tipo de abusos».
«Las administraciones públicas deberían reforzar los sistemas oficiales y no oficiales de apoyo y seguridad y eliminar la discriminación y la violencia contra las personas mayores y no condenarse únicamente a una cómoda Ley de Dependencia», opina Carlos Mañas.