Parece un trabalenguas, pero no. Es el día y la hora en que Carlos Mantilla (hijo, ojo) y Beatriz García se dieron el sí ante más de 200 invitados en la iglesia compostelana de San Martín Pinario.
Como suele suceder en casi todas las bodas, la ceremonia se inició con retraso. Y es que la novia, que se vistió en el hostal de los Reyes Católicos, donde también se celebró la cena, tuvo problemas para salir del Obradoiro. Fueron muchos los curiosos que se arremolinaron alrededor del impresionante Rolls blanco que la trasladó, en compañía de su padre y padrino, Ramón García, hasta el templo.
Hasta que la nube de curiosos en cuestión no comprobó bien de cerca que los ocupantes del vehículo no eran asiduos del papel cuché, no pudieron circular con tranquilidad. El Rolls era (y sigue siendo) propiedad de un amigo vigués de Carlos Mantilla (padre), que cuenta con una de las más importantes colecciones de coches antiguos de España. Obviamente, el que puede contemplarse en la foto, es una de las joyas de la corona de dicha colección.
Cuando al fin llegaron a San Martín Pinario, les aguardaba otra sorpresa, en este caso bien agradable, ya que un grupo de gaitas ponía la primera nota musical de la jornada.
El encargado de oficiar la ceremonia, en la que ejerció de madrina la madre del novio, Socorro García, fue Alberto Cuevas, amigo de la familia y asiduo de esta sección, a la que se asoma con frecuencia. La prédica de monseñor (tiene tratamiento de tal por deseo del Papa) no pasó desapercibida ni para los contrayentes ni para sus invitados. Es lo que tiene ese fino sentido del humor y esa ironía que tan bien sabe dosificar.
Tras las promesas de rigor y las fotos de ídem empezó la fiesta. Me cuenta uno de los asistentes que menos mal que, previsores ellos, habían reservado todas las habitaciones con vistas al patio en el que se celebró el sarao; de lo contrario, los posibles ocupantes no habrían podido pegar ojo hasta las seis de la mañana, que fue la hora a la que Antonio Varela, el encargado de la música enlatada, dio por finalizada la sesión discoteca.
Entre los invitados no faltaron nombres de la política como Corina Porro, Chema Figueroa, Rafael Louzán o Javier Guerra; de la empresa como Emilio Castro o Alejandro Fernández Figueroa; de la medicina, como el cardiólogo Ramón Mantilla; de la banca, como José Carlos Álvarez; de la hostelería, como Belarmino Fernández o José Manuel Barbosa...
Por razones logísticas, hasta el próximo día 13 los novios no emprenderán viaje con rumbo desconocido. Tan desconocido como que el destino sólo lo sabe el novio, que al menos hasta ayer seguía guardando celoso el secreto. «Él se encargó de comprar los billetes y nadie más que él sabe dónde pasarán la luna de miel», afirmaba ayer Carlos Mantilla padre.
Al regreso del secretísimo viaje la pareja se instalará en Vigo. Economista ella y auditor él, comparte despacho con su padre desde hace tiempo. Pues como les dijo Cuevas en San Martín Pinario, que dure.
El que también casará a un vástago este mes (en este caso a una vástaga) será el director general de Anfaco, Juan Manuel Vieites. Genoveva será la primera de sus cuatros hijas que pase por la vicaría. Lo hará el próximo día 30 en la capilla del parador de Baiona, recinto en el que también se celebrará el banquete. Luis Martínez Riesgo, el novio, es empleado de Amancio Ortega, en este caso responsable de una de sus firmas para Asia.