Mientras que el edificio de la Colina de Castrelos espera su demolición tras la sentencia del Supremo, la casa de la familia de Sampaio que tenía la misma orden ya es historia
09 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.La reciente sentencia del Tribunal Supremo en la que ordena el derribo total o parcial del edificio conocido como la Colina de Castrelos o Piricoto ha traído a la mente otros casos que, por afectar a menos gente, no son menos traumáticos.
Y si no que se lo digan a Manolo y Charo, dos vecinos de Sampaio que vivían tranquilamente en su casa hasta que un fallo judicial acabó de un plumazo con sus sueños. Una vecina les denunció en su día por incumplir la licencia para llevar a cabo obras menores. La denunciante consiguió la anulación de la licencia y una orden firme de derribo de los tribunales.
La sentencia cayó como un jarro de agua fría, no solo entre los ocupantes de la vivienda, sino también entre los vecinos del entorno. Muchos montaron en cólera y salieron a la calle en su defensa para impedir que la Gerencia Municipal de Urbanismo echara abajo el inmueble en un par de ocasiones. De no ejecutar la sentencia, el juzgado multaría a la responsable de esta área y advertía de responsabilidades penales. Al final, la familia de Manuel Dasilva optó por la vía pacífica y negoció una solución con el Concello para ocupar un piso cedido por la administración local. Para evitar el mal trago abandonó la casa antes de que fuera derribada y consigió salvar sus enseres.
Mal trago
El edificio se derribó recientemente y a día de hoy ya es historia. Una historia que sus propietarios no olvidarán fácilmente, como tampoco olvidarán el mal trago que tuvieron que pasar durante toda la primavera y cada vez que acuden ahora a la casa de los padres de Charo, situada junto a la de ellos. Pero, la historia no ha terminado y el mal ambiente se respira todavía en ese rincón de Sampaio.
Los vecinos de la parroquia viguesa esperan ahora expectantes el desenlace de la sentencia de la Colina de Castrelos. Aseguran que no le desean mal a nadie, pero quieren que la ley sea igual para todos. El caso de esta familia es uno de los pocos registrados en la ciudad, pese a las numerosas órdenes de derribo que pesan sobre varios edificios.