Premios con sabor a recompensa

Soledad Antón soledad.anton@lavoz.es

VIGO

Es lo que, en síntesis y en sus respectivos campos, vienen a hacer cada día los acreedores de los Premios Diputación. Es lo que, con otras palabras, explicó ayer Rafael Louzán en su intervención con motivo de la entrega de los galardones. Entre los adjudicatarios, figura la Asociación San Francisco, una entidad bien conocida en Vigo, donde lleva cuatro décadas atendiendo las necesidades de las personas afectadas por discapacidad intelectual y sensorial. Precisamente ha sido esa «ejemplar labor social que desarrolla en favor de los más desfavorecidos» lo que le ha valido el reconocimiento.

En el apartado deportivo también fue un vigués el protagonista, Alejandro Rodríguez. En este caso, según explicó Louzán, no sólo se premia una esforzada y exitosa carrera profesional, sino también a todo un símbolo y un ejemplo a seguir.

En el capítulo turístico, el organismo provincial decidió premiar el papel de «punta de lanza» de la oferta hotelera de calidad que representa el parador Conde de Gondomar, así como su contribución a que Baiona en particular y las Rías Baixas en general «sean hoy un referente nacional del turismo de excelencia».

En el ámbito empresarial el premio fue para la firma Extrugasa, en tanto en el artístico-cultural fue para el escultor Alfonso Vilar. Finalmente, Alfredo Magín Froiz fue el destinatario de la medalla de oro de la provincia. A juicio del presidente de la Diputación, en él concurren méritos más que suficientes. «Recorrió un largo y duro camino desde aquel día de 1968 en el que cogió el traspaso de un pequeño supermercado, hasta hoy que proporciona empleo a 4.000 trabajadores y factura 460 millones de euros», recordó Louzán.

Como colofón, explicó que los premios cobran sentido cuando sirven de estímulo y ejemplo para todos. «Y los elegidos en esta ocasión nos ofrecen el mejor ejemplo y la mejor lección: que el trabajo es el único capital que no está sujeto a la quiebra».

Podía ser el título de una película, pero no, es una invitación a descubrir la buena mano que el restaurador francés tiene para los pinchos. Y no lo digo yo, lo han dicho 380 personas de las más de cinco mil que han catado los bocados preparados expresamente por los trece locales que participaron en el III Concurso de Tapas do Casco Vello, entre ellos, claro A Crepería do Mar .

Hervé recibió ayer de manos de Santiago Domínguez el diploma que le acredita como mejor facedor de tapas del barrio, amén de un bono para disfrutar de un fin de semana en el hotel balneario A Toxa. Si bautizó sus platos con nombres franceses (crêpe tartar y boursin de soumon) no es por snobismo, sino porque es el ididoma en el que se expresa habitualmente.

El segundo premio fue para Pita Tola, que sumó 289 votos, y el tercero para La Carbonara, con 284. La iniciativa, puesta en marcha hace tres años por la Asociación de Comerciantes VigoVello, es una de tantas pensadas para revitalizar el barrio. El incremento de participantes en cada nueva edición demuestra que hay un público para este tipo de producto, que los organizadores pretenden fidelizar no sólo durante dos o tres semanas, sino a lo largo de todo el año. «Nuestro objetivo es convertir el Casco Vello en territorio de tapas», afirma Ángel Méndez.

El gerente de los comerciantes recuerda que la próxima cita gastronómica será del 1 al 7 de septiembre, a propósito de ese Vicus Romanorum que acaban de inventarse y que, si sale según lo previsto, promete compartir podio festivo con la Reconquista. Haciendo honor al nombre la cocina de esa semana tendrá sabor romano. El grupo catalán Kuam - Um será el encargado de dárselo.