Un negocio regentado por Jaime López -«vigués de Bouzas»- necesariamente tenía que tener un nombre relacionado con el mar, en el que ha pasado prácticamente las tres cuartas partes de su vida, a pesar de la mala experiencia iniciática. «Me embarqué en un pesquero con 14 años rumbo a Tenerife. Cuando llevábamos 40 horas de navegación nos quedamos sin combustible y estuvimos diez días a la deriva», cuenta.
Aquel episodio, lejos de desanimarle, afianzó su vocación. Quería vivir aventuras. Y las vivió. Ha dado varias veces la vuelta al mundo a bordo de pesqueros, petroleros, mercantes... «Me gustaban las máquinas pero desde el primer día me destinaron a la cocina. Así me hice cocinero», afirma. Cuando las condiciones laborales en el mar empezaron a pintar bastos, echo el ancla definitivamente en Vigo.
Hace quince años abrió las puertas de El Capitán en el corazón de la ciudad. Presume de ofrecer un producto óptimo. «No hay un pulpo mejor en Galicia», afirma mientras va introduciendo en la nevera los soberbios ejemplares que acaba de traerle un marinero. El pescado y el marisco tiene pocos secretos para él. «Es difícil que un cliente salga de mi casa descontento si se deja aconsejar», dice.
Y es que para Jaime López «la carta es relativa». Lo mejor es ponerse en sus manos. Es lo que hacen los habituales, a los que ayer daba a elegir entre rape y lubina, las excelencias del día. Las recomendaciones de hoy no las sabrá hasta que llegue el proveedor.
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