La esclavitud de CR-7

VIGO

CR-7 es un esclavo. Así lo dice el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, que no habla de un robot de La Guerra de las Galaxias, sino de Cristiano Ronaldo, la gran estrella del balompié portugués. Dicen que el jugador del Manchester United es una máquina y, se ve que por no llevar la contraria, el chaval ha decidido llamarse como una máquina.

CR-7 es el protagonista este mes de julio del habitual culebrón de fichajes. El Real Madrid está obsesionado por contratarlo, de modo que pareces un marciano si comentas que Figo -antes-o Deco -ahora- son mejores jugadores que él. Es sabido que, en los amores de verano, no hay tiempo para ver defectos.

En el pulso entre Real y United, ha mediado Joseph Blatter, que pide a los ingleses que vendan al jugador, «porque la época de la esclavitud terminó hace muchos años».

No sé yo qué información maneja Blatter, pero me sorprende que CR-7 pueda considerarse un esclavo, aunque sólo sea porque cobra 180.000 euros a la semana, cifra infinitamente superior a la de los esclavos que, por lo que uno sabe, no cobran nada.

También se desconoce qué opinan de la «esclavitud» de Ronaldo los africanos que estos días viajan a Europa en patera. O, sin llegar tan lejos, qué pensará de las palabras de Blatter cualquier trabajador que ha de cumplir un contrato, madrugar duramente y hacer un buen puñado de horas extra para no cobrar en toda una vida lo que CR-7 se lleva para casa en una sola semana.

Bien podría Joseph Blatter acortarse el nombre a J.B., siglas de reminiscencias etílicas que podrían explicar mejor sus palabras. Mientras el hombre insiste en considerar a CR-7 un moderno Espartaco, al menos agradecemos que nos tengan entretenidos. Triste sería tener que conformarnos con el culebrón veraniego que nos ofrece nuestro Celtiña, con sus fichajes de traca. Es lo que tienen los grandes gestores, como Carlos Mouriño, que quería tener sede en la plaza de España y ahora la tiene en la calle Lalín.

Por eso nos entretiene más CR-7, porque mientras le llaman esclavo, se va dejando querer. Como manda el guión de los fichajes, el portugués dice a la prensa española que quiere venirse a Madrid, mientras declara a la inglesa que sueña con seguir en el United. En esto, el chaval hace lo mismo que hacen todos. Sólo que en este caso agravado porque el chico es de Madeira: como Pinocho.