«Vamos a luchar hasta el final por defender nuestro hogar»

VIGO

Charo Amorín, dueña de la casa afectada, vive estos días una gran angustia ante el temor de un inminente derribo. La noticia les cayó como un jarro de agua fría el mismo día que Manuel Dasilva, su esposo, celebraba su cumpleaños en el número 29 de Florido Rosal. Sus padres y vecinos la acompañan en el portal mientras recibe en chándal a las visitas. La mujer apenas puede hablar por los nervios.

-¿Cómo se siente el día después de la noticia?

-Cualquiera puede imaginarse cómo me siento. Vuelves a revivir la angustia del año pasado, a pensar otra vez en lo mismo después de unos meses en los que por fin vivíamos algo tranquilos.

-¿Tienen alguna esperanza en que el juez, el Concello o la vecina que les denunció anulen la orden?

-¿Esperanza? Solo puedo decir que vamos a luchar hasta el final por defender nuestro hogar.

-¿Cómo ha reaccionado el vecindario?

-Al poco tiempo de conocer la noticia, llegaron 50 personas a nuestra casa para darnos su apoyo. Cuando hace falta, la gente está aquí.

-¿Han pensado en alguna salida legal o retrasar el derribo con recursos judiciales?

-Eso lo lleva mi marido, que ahora está en el trabajo [intenta contactar con él por el móvil sin éxito]. Ayer se pasó toda la tarde con la oreja pegada al teléfono. Nos llamaron de todos lados para interesarse por nuestro caso.

La familia de Charo ocupa estas tierras desde hace generaciones. Su madre, Alicia, interviene en la entrevista: «Nosotros nos vamos a poner delante de las máquinas. El señor juez no tiene conciencia. La vecina que los denunció tenía una casa de 33 metros cuadrados y, después de ampliar los galpones, ahora mide cien metros», afirma.

El padre, Manolo, añade: «Nuestra vecina pegó contra lo mío y nadie le dijo nada. Han esperado a que viniese el Plan Xeral y ahora quieren apurar el trámite».