Los representantes de la ciudad se muestran en la capital belga unidos, confiados y volcados en la defensa de la candidatura viguesa a los Juegos Universitarios del 2013
10 abr 2008 . Actualizado a las 11:12 h.Vigo nunca lo ha tenido fácil, y tampoco lo tiene ahora. Pero ayer dio un paso de gigante para consolidar sus esperanzas de albergar la Universiada 2013, un proyecto en el que la ciudad ha volcado gran parte de sus esperanzas de futuro y que podría ayudarla a afianzar su desarrollo y su imagen exterior como la ciudad atlántica española más dinámica y con mayor potencial de crecimiento. También, a entusiasmarse con un proyecto común que la ayude a dejar atrás su fama eterna de polis desunida y enfrentada desde hace lustros por rencillas políticas aparentemente irresolubles.
Una comitiva de quince personas, encabezadas por el alcalde, Abel Caballero; el teniente de alcalde, Santiago Domínguez; el rector de la Universidade de Vigo, Alberto Gago; y la directora xeral para o Deporte de la Xunta, Marta Souto, acudió ayer a Bruselas a defender la candidatura viguesa ante la Federación Internacional de Deporte Universitario (FISU), la institución organizadora de los juegos y que hará público el próximo 31 de mayo el nombre de la sede de la Universiada 2013.
Los Juegos Olímpicos Universitarios son el segundo evento deportivo global más importante después de las Olimpiadas convencionales, se celebran los años impares y la próxima sede será Belgrado. España los acogió sólo una vez, en Palma de Mallorca en 1999, y Vigo no lo tiene fácil para tomarle el relevo porque las otras dos aspirantes son rivales muy complicadas: la ciudad tártara de Kazan, a orillas del Volga, en Rusia; y la surcoreana de Kwangju.
Ambas presentan por segunda vez su candidatura a una Universiada, pero la impresión que sacaron los representantes vigueses tras el encuentro con el secretario general de la FIDU, Eric Saintrond, es que a sus posibilidades han crecido. La Federación se ha mostrado gratamente sorprendida por el dossier vigués, en primer lugar porque no esperaban algo tan sólido, preparado y convincente de una urbe cuatro veces más pequeña que las otras dos candidatas, y que ha sabido vender como excelencia lo que se le suponía una desventaja: su tamaño mediano, que la convierte en una villa amistosa, agradable y cómoda, que facilita las comunicaciones y el contacto con los vecinos.
En segundo término, porque la imagen de unidad que transmitió en Bruselas la comitiva viguesa, en la que estaban representantes del PP, el PSOE, el BNG, la Universidad y la Xunta, entre otras instituciones, logró transmitir a la FISU la imagen de proyecto compartido y apoyado sin excepciones por toda la ciudad.
«Está demostrado que cando se traballa sin personalismos, solidariamente e sin tratar de colgarse medallas, Vigo é capaz de estar a altura de calquer reto», aseguró ayer Santiago Domínguez, el impulsor de la candidatura. Abel Caballero coincidió en la apreciación y subrayó además que había encontrado en Bruselas «sinais evidentes de que se ten entendido o espírito do que ven imbuido o proxecto vigués». La semana que viene, representantes de la FISU visitarán Vigo para comprobar in situ la capacidad de la ciudad para organizar los juegos. No es fácil, pero puede ser el último paso antes de que la conviertan en la sede de la Universiada.