Las ciudades que frenaron el botellón reforzaron las multas y lo acotaron

A. M.

VIGO

20 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

El botellón tiene remedio. Y no es traumático. Lo han demostrado en una decena de ciudades españolas, en las que adoptaron una fórmula similar a la que ahora defiende el Bloque Nacionalista Galego para Vigo: concentrar las reuniones de jóvenes en un solo punto en el que la molestia sea menor y sea posible habilitar medidas de seguridad para los chavales y, al tiempo, perseguir con contundencia el consumo callejero de alcohol en el resto de las ciudad.

Esa fue la fórmula empleada por urbes como Córdoba, Granada, Pontevedra o Cáceres, donde apostaron con firmeza por esa solución mixta que ofrece una alternativa a los jóvenes y garantías de descanso a los vecinos. En otras ciudades, por el contrario, quisieron poner puertas al campo. Y se estrellaron. Los casos más notorios son los de Madrid y Valencia, dos capitales en las que la prohibición del consumo de alcohol en la calle ha dejado las cosas como estaban: con miles de jóvenes bebiendo en parques, explanadas y plazas. También le sucedió a Santiago, que se decantó por la prohibición total de una práctica social en la que siguen participando miles de chavales de la ciudad más universitaria de Galicia, que no parecen temer las multas de hasta 750 euros del Concello.

¿Dónde aceptar el botellón?

El debate abierto en los últimos días en Vigo por BNG y PSOE -que mantienen posturas opuestas pese a ser socios de gobierno- ha servido además para que se empiecen a definir las zonas más adecuadas. Y ahí no hay un modelo claro, aunque los casos de otras ciudades dan pistas significativas: los ayuntamientos que se inclinaron por alejar el botellón a recintos de la periferia, como sugiere Abel Caballero, tuvieron que dar marcha atrás. Los jóvenes, simplemente, no se desplazaban a las afueras. En el BNG vigués son conscientes de esa situación, y por eso su propuesta es que el botellón se concentré en la plaza de la Estrella.

Y algo similar defienden en la Federación Veciñal, en la que reconocen que el sitio idóneo no existe pero subrayan que «entre las zonas en las que ahora hay botellón, la Estrella es la que más alejada está de los vecinos». Así lo manifestaba ayer en Radio Voz la presidenta de la plataforma, Elena González, que se opone a la opción de desplazar a los chavales a un botellódromo en la periferia: «¿La periferia qué es? ¿Cabo Estai? A mi no me gustaría que mis hijos se reunieran para beber allí. Lo que habrá que hacer es integrar a estos jóvenes, no apartarlos», reflexionaba, antes de matizar que al tiempo son precisas medidas coercitivas.

Estas llegarían en forma de trabajos sociales para los jóvenes que incumplan y multas en metálico como las que ya aplican las ciudades que han logrado controlar el botellón. En ellas se castiga a quienes se saltan la prohibición de beber con sanciones de hasta 3.000 euros.