El promotor que empezó a traer estrellas a Vigo es un enamorado del arte y la iconografía de las vanguardias rusas
09 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.En cierto modo, Bibiano Morón (cuyo nombre completo es Bibiano Adonis Morón Jiménez, nacido en Santiago de Compostela en 1950), es un explorador. El promotor fue en su día un empresario arriesgado que se atrevió a traer a Madonna a cantar a Vigo cuando no pasaba por aquí ni el carro de Manolo Escobar, y como dicen de forma cursi los políticos, «situó la ciudad en el mapamundi». Al menos, en el mapamundi de los grandes espectáculos internacionales. Antes que fraile, Bibiano fue cocinero. Es decir, antes de contratar a músicos, el rey de los negocios con más bemoles de Galicia fue cantante. Mejor dicho, cantautor y unos de los portavoces del movimiento cultural y musical Voces Ceibes.
Hoy en día, la contratación de artistas y organización de eventos musicales sigue siendo su profesión, aunque confiesa que como oyente ya no le emociona apenas nada y de sí mismo, aún menos: «Estoy de la música y de Bibiano hasta el gorro. Me cansa ese Bibiano cantautor que me recuerda todo el mundo». En cambio, la faceta de promotor le gusta cada día más. De hecho, asegura que por él, no se retiraría nunca. Se divierte como un niño jugando a poner precio a los artistas y organizar todo el entramado técnico y logístico que se mueve alrededor de las estrellas. Lo tiene muy claro: «soy comprador y vendedor de productos musicales y vendedor de entradas. Al tiempo que me he ido endureciendo hacia la música, me he ido sensibilizando hacia la pintura. Ya no me estremece ninguna canción. Para mí ha perdido el encanto al estar vinculado al dinero en mi vida».
Y es que Bibiano Morón está fascinado por el arte. «Podría decirse que es una cuestión animal, es irracional, es que... ¡me mola!», asegura rotundo. «No soy coleccionista, aunque quisiera serlo, pero por una parte hay que tener muchos recursos, y yo tengo los que tengo; y por otra hay que tener una disciplina para no terminar siendo un almacenista».
Aún así, y desde hace aproximadamente una década, el empresario se ha ido haciendo con unos fondos formados, sobre todo, por obras de artistas gallegos desde la época de Atlántica hasta nuestros días, además de algunas creaciones de Genovés, Mompou y José Guerrero.
«He sido educado en el amor al arte desde pequeño. Mi primera escuela fue la catedral de Santiago, en la que fui cantor, y yo creo que algo se te queda grabado cuando para ir a la escuela tienes que pasar todos los días delante de la puerta de las Platerías», recuerda.
Asiduo de los museos
El ex-músico cuenta que es un asiduo visitante de museos y exposiciones, «aunque generalmente voy más cuando estoy de viaje que aquí, más que nada por cuestión de tiempo libre. Conozco los principales museos del mundo y mi favorito es el Hermitage de San Petersburgo». Además del arte gallego, a Bibiano le enloquece el Surrealismo, las vanguardias rusas y el cartelismo soviético. «La Revolución Rusa generó importantes creaciones plásticas, no sólo el icono de la hoz y el martillo, que es el logo-marca más reconocible en el planeta junto a la Coca Cola», opina.
En el pasado, el inventor del tristemente desaparecido festival Para Vigo Me Voy (que podría haber sido el gran icono turístico vigués), fue un activo militante político de izquierdas con carné del Partido Comunista. Hoy, sus ideas siguen inclinándose hacia el mismo lado, con ardor, aunque sin los aspavientos de antaño: «No milito en ningún partido, pero todo el mundo sabe de qué pie cojeo». En su pequeña colección de arte hay nombres muy destacados (Leopoldo Nóvoa, Pérez Vicente, Silverio Rivas, Lamas y Patiño, Corvera en su etapa en Dubrovnik...), sin embargo, a la hora de elegir un emblema, un tesoro, se queda con la hoz y el martillo de brillante metal dorado que presiden el salón de su casa en la que también guarda recuerdos de músicos, como una guitarra firmada por Carlos Santana. El famoso símbolo llegó hasta él cuando un barco ruso vino a morir a Vigo. El buque acabó sus días en un desguace local y el icono comunista que presidía su chimenea fue salvado in extremis .
Fascinación en Milán
Su sensibilidad visceral hacia el arte está relacionada con encuentros que le marcaron emocionalmente. El primero, según relata, se produjo en 1974 cuando visitó Milán invitado por el Partido Comunista italiano. Allí asistió a una exposición de pintura española moderna en la que había obras del Equipo Crónica, de Arroyo, Picasso o Guinovart, entre otros, que le dejó huella: «Me quedé impresionado. Hasta ese momento no me fijaba en los cuadros, pero aquellas pinturas en las que además el arte y la política iban de la mano, me marcaron. Anduve con aquel catálogo como libro de cabecera durante mucho tiempo».
El otro encuentro que cinceló su camino hacia la plástica fue su amistad con tres grandes artistas gallegos: Xosé Lodeiro, Silverio Rivas y Ánxel Huete. «Nada más llegar a Vigo les conocí y nos hicimos muy amigos. Teníamos una peña y empecé a relacionarme con ese mundo. Ellos son personajes de una profundidad extrema que me proporcionaron una escuela añadida, que yo no estudié Historia del Arte».