Echan de menos Paraguay, pero se sienten en casa. Gladis Durañona y su marido Ángel llegaron hace casi un lustro para buscar una oportunidad en Vigo para ellos y para sus tres hijos. Y la encontraron. «Al principio costó un poco, pero en general podemos decir que la gente de Vigo nos ha tratado bien», cuenta Gladis, antes de relatar los problemas que tienen a veces los inmigrantes para lograr un piso en alquiler.
Más fáciles son las cosas en el colegio. «Los niños, tenemos dos que nacieron en Paraguay y otra que nació en Vigo, se han adaptado muy bien. El mayor, que tiene diez años, tuvo más problemas. Le costó adaptarse al gallego, pero luego le fue bien. El mediano, de 6, lo lleva muy bien. Los dos tienen muchos amigos y, aunque siempre hay alguno que da problemas por el hecho de que seas inmigrante, en general estamos contentos», relata esta madre paraguaya de 29 años, que alaba el trabajo del profesorado del Colegio Mariano, al que asisten sus hijos. «Los profesores siempre están pendientes de ayudar, y con nosotros pueden contar para lo que haga falta», relata, antes de entregarse a algo tan gallego como la morriña: «Siempre se extraña algo de allá: la familia, los amigos... Pero en Semana Santa creo que iremos a ver a los abuelos», concluye afable.