Haberla, hayla. Para muestra, la presentación en sociedad del Coro del Colegio de Médicos. Fue ayer con un recital en el auditorio de Caixa Galicia. José Ángel Sinde Morón, cirujano vascular de profesión y bajo (sólo de voz) de vocación, explica que no ha de tomarse el nombre del grupo al pie de la letra. «No somos sólo médicos, hay gente de casi todos los ámbitos de la sanidad». En total más de treinta personas que sienten el hormiguillo de la música y que pretenden seguir creciendo, tanto en cantidad como en calidad.
Todo empezó hace unos pocos meses, fruto de la unión de fuerzas entre el Colegio de Médicos y el coro de la asociación de vecinos Fonte do Galo. Los integrantes de éste último aportaron la experiencia, en tanto el Colegio puso el entusiasmo y, a partir de ahora, los medios. La idea es llegar a sumar 60 voces en el plazo de un año.
Prueba de la afición musical que existe entre los profesionales de la salud, es que son varios los que ensayan y actúan habitualmente en distintos coros de la ciudad. Es el caso de los doctores Filgueira, Beiras o Reboredo, entre otros. Seguro que a los tres intentarán tentarlos para que se sumen al proyecto.
La parte profesional (muy profesional) la pone Iaroslav Dolisni, flautista ucraniano al que se le ha encomendado la tarea de dirigir al grupo. Iaroslav visitó Vigo por primera vez hace unos años como integrante de la filarmónica de Ucrania. Tanto le gustó la ciudad que cuando acabó la gira hizo las maletas y se vino con su mujer. Ahora, igual que el resto de los integrantes del coro, se ha embarcado en un proyecto ilusionante, en el que lo primero que buscan es disfrutar.
Vigo es la única ciudad gallega que cuenta con un restaurante de cocina libanesa. Lo dirige Bassem Elias Antoun. Quién mejor que él podría introducirnos en ese tipo de comida. Lo mismo se preguntaron las integrantes de Madres Latinas. Nadie, se contestaron. Así es que le invitaron a dirigir un taller con tan peculiar objetivo.
Bassen se presentó cargado de falafel, satsike y pan de pita, que es lo mismo que decir de albóndigas fritas a base de habas y garbanzos, de yogur con pepino y ajo, y de pan sin miga. No quedó ni una ídem.
Bassem está dispuesto a repetir experiencia las veces que haga falta, a ver si así se anima a entrar más gente en el restaurante. «Los gallegos son muy tradicionales, no les gusta probar cosas nuevas. Aquí ningún restaurante extranjero tiene éxito», se lamenta. Con el problema añadido de que sus compatriotas no pueden llenar el establecimiento porque en Vigo sólo residen otros dos libaneses, informático uno de ellos y hombre de negocios el otro. Seguro que después de la exhibición de ayer, ha despertado más que curiosidad. Yo me he prometido no perderme la musaka.
Así estaban ayer la Asociación de Viudas Demócratas de Vigo. Después de dos años reuniéndose dónde podían, han inaugurado local propio. Se lo ha cedido el departamento que dirige Santos Héctor. La presidenta, Carmen Rodal, no ocultaba la alegría. «Se acabó peregrinar por cafeterías o convertir nuestras casas en oficina», afirmó. Nacidas de forma modesta con el objetivo de defender sus derechos como colectivo, su principal lucha se centra ahora en reivindicar que se incremente el porcentaje de las pensiones y que pase del 52% al 70%.
Las cerca de 300 asociadas tienen edades comprendidas entre los 36 y los 92 años. El proyecto en el que ahora están sumergidas es en conocer la realidad social y laboral en la que viven todas y cada una. «Eso nos permitirá conocer mejor la situación y proponer soluciones», afirma Carmen Rodal, que recuerda que esperan la llamada (en el teléfono 660 219 085) de todas aquellas viudas interesadas en sumar fuerzas.