Los alumnos de los dos primeros niveles no podrán participar en el gran desfile de entroido programado para el viernes
31 ene 2008 . Actualizado a las 02:00 h.«El espíritu de una escuela marista es el espíritu de la familia». Los valores de la pedagogía de su fundador, Marcelino Champagnat, han calado más en la comunidad educativa tudense que cualquier otra inundación.
Los propios miembros de la institución estaban sorprendidos de todos los apoyos y colaboraciones recibidas. «Sin duda, ni los niños ni los profesores olvidaremos esta celebración del Día de la Paz en el que la nota la pusieron los padres, que colaboraron desde el primer momento y también los comercios, nos trajeron desde botas a chubasqueros e incluso comida para la merienda», señalaba ayer una de las profesoras.
«Fue una celebración atípica, pero con mucho contenido, los niños también entendieron enseguida la situación y disfrutaron de las actividades alternativas», manifestaban otras maestras.
Contra todo pronóstico, los niños fueron quizás los más contrariados ante las vacaciones forzosas que deberán acatar esta semana ya que el agua les impedirá participar en el macro desfile de carnaval en el que venían trabajando desde hacía semanas, al igual que los demás centros educativos de la localidad.
Desilusión
«Los niños estaban muy desilusionados porque llevaban mucho tiempo preparando la celebración del Día de la Paz y, ahora, hay que decirles que, además, se quedan sin el carnaval», avanzaban los profesores.
También los padres tuvieron y tendrán que hacer frente a una semana de ajustes horarios para intentar compatibilizar la falta de colegio con sus trabajos. «Algunos tendremos que hacer números pero qué se le va a hacer», afirmaba una de las madres resignada.
Así las cosas, con un sentimiento agridulce, porque «de todo se aprende», algunos aventuraban ya fórmulas alternativas para que los más pequeños no se perdieran el carnaval. «Haremos alguna fiesta en casa, con disfraces incluidos, pero no es lo mismo porque ellos quieren pasar estas jornadas junto a sus compañeros».
Los profesores también acumulaban dosis de resignación, «aunque lo importante es que el incidente no haya ido a más», apuntaba uno de ellos. En el colegio Maristas no se recordaba un percance semejante.