Los jóvenes afinan su talento

VIGO

El Conservatorio Profesional de Música acoge las actuaciones de los estudiantes que aspiran a convertirse en los virtuosos del futuro, una tarea llena de sacrificios

19 ene 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

«Yo me dedico todo el día a la música». La frase resume el esfuerzo que realizan muchos jóvenes para formarse como músicos en los diferentes centros reglados de la comunidad gallega. En este caso, la afirmación fue realizada por Andrea Búa, momentos después de realizar su actuación en la tercera edición de los Premios David Russell, que se desarrolla este fin de semana en el Conservatorio Profesional de Música de Vigo.

Esta joven, natural de O Grove y residente en Vigo, combina los estudios de piano con los correspondientes al canto lírico, una especialidad que requiere una implicación total.

«Tengo que cuidarme de la cabeza a los pies, porque yo soy el instrumento», señala la joven Andrea, para recordar que no le conviene frecuentar ambientes cargados o forzar la voz, algo que implica una modificación importante en sus hábitos de ocio.

Satisfechos

Elena Sousa tiene 14 años y estudia acordeón, al tiempo que cumple con sus obligaciones educativas, cursando tercero de ESO en Ourense. «Es mucho esfuerzo pero me compensa porque me gusta mucho la música», señala, minutos antes de afrontar su test ante el jurado de los Premios David Russell.

En Galicia son muchas las personas que han decidido tomarse la música más en serio que quien solo se la plantea como una forma de diversión. El reto es grande y los años de estudios muchos.

«Los planes de estudio marcan un período de cuatro años para afrontar el período elemental, seis años para superar el tramo profesional y, todavía otros cuatro más, para quienes aspiran a completar los estudios superiores», indica Juan Carlos Díaz, vicedirector del Conservatorio Profesional de Música de Vigo.

Los benjamines

Durante el desarrollo de los Premios David Russell se ha podido ver a intérpretes que solo cuentan con 9 años, como Hugo Miguel Lourenço, natural de Portugal, que se presentó a esta audición con su guitarra, o a su compatriota Sofía Fernándes que, con tan solo siete años, quiso dejar constancia de sus avances como virtuosa precoz de la flauta.

Todos ellos coinciden en sentirse satisfechos con las sensaciones que les reporta la música, una satisfacción que queda resumida en otra frase que sale de la boca de Andrea Búa: «Sí vale la pena tanto sacrificio porque la música me llena. Si tuviese otra vida, volvería a dedicarme a ser cantante».

La forma de «engancharse» a este mundo es, en muchas ocasiones, puramente casual. «La primera vez que escuché el acordeón, en Ourense, me gustó mucho su sonido y la forma de tocarlo, además es un instrumento muy completo porque se pueden tocar muchos tipos de música diferente con él, yo comencé a estudiarlo con siete años», explica Elena Sousa, mientras que Andrea tomó la decisión algo más tarde, cuando tenía ya 14 años.

Futuro incierto

Después llega el tiempo en el que es necesario combinar estos estudios con los obligatorios, y, en algún caso, todavía queda tiempo para realizar alguna otra actividad. Por delante queda un futuro un tanto incierto, entre la posibilidad de impartir la docencia o ser interprete.