Donde los árboles secos son arte

VIGO

Un artista recupera un platanero centenario de Mondariz Balneario que se había muerto para reconvertirlo en una escultura que hace guiños al termalismo

18 ene 2008 . Actualizado a las 11:52 h.

Hace años Santiago de Compostela se promocionó diciendo que allí hasta la lluvia era arte. En Mondariz Balneario ocurre lo mismo pero con los árboles secos. Semanas atrás el alcalde de la villa descubrió que uno de los plataneros centenarios del paseo que va al río se estaba secando. Puestos a tomar medidas y como la opción de cortarlo no era la que más gustaba, el popular Jose Antonio Lorenzo decidió reinvertir el proceso y encargar a Perfecto Marcos Romero, la transformación de un tronco muerto en vida.

El trabajo comenzó hace unos quince días y ya se pueden ver algunas de las figuras, que se empiezan a hacer un hueco a través de la corteza. El artista, un vecino del municipio de 77 años de edad, trabaja casi a diario en el conjunto, que incluirá alusiones al termalismo y al deporte, además de un autorretrato. El proyecto no estará listo hasta dentro de unos meses, ya que los días de lluvia están ralentizando las primeras tareas, para las que usa una motosierra.

Sigue el modelo hecho en barro que tiene en su estudio, aunque en este las grietas y dibujos de la madera lo hacen rediseñar la obra entre una lluvia de astillas. Así, mientras todo a su alrededor se cubre de madera, atrae la atención de los vecinos y turistas.

Según continúa abriéndose hueco junto a una rama, que ha convertido en un brazo, Marcos Romero recuerda sus años de estudiante de Bellas Artes en Madrid, pero sobre todo, los cuarenta años viviendo a pedazos en las islas Cíes. «En Xistra, el barco que me hizo Manolo, el de Rodman, llevábamos todo el material que me hacía falta, y peseta a peseta y viaje a viaje fui haciéndome una casita, en la que vivía a tiempo parcial», recuerda el artista con añoranza.

Viviendo en las Cíes

Por aquel entonces no era el único que cruzaba la ría para descansar con los isleños. «Eramos varias familias y disfrutábamos mucho. Yo llegué a organizar un concurso de vela durante muchos años y al final me hicieron un homenaje en el que me nombraron marqués da gaivota», comenta Marcos Romero, que asegura que antes de que los periódicos ingleses nombraran a Rodas la playa perfecta, él ya lo sabía.

«La paz que se vivía allí era como estar en otro mundo, pero había que ser ingenioso, yo tenía un pozo, dos placas solares cuando casi ni existían y una nevera que funcionaba con butano», apunta este artista. Asegura que allí descubrió la libertad y disfrutó de algunos de los mejores momentos de su vida. Los demás, los del otro lado de la ría, los pasó trabajando como orfebre y viviendo de encargos de joyas y elementos eclesiásticos. También aprovechaba para estar con algunos de sus amigos, entre los que cita con cariño a otros artistas como Marcos Romero, Rafael Úbeda, Anton Pulido, Xoan Piñeiro, Laxeiro o Xavier Pousa entre otros. De alguno de ellos guarda como un tesoro los regalos pictóricos dedicados, que combina con los suyos propios en el estudio.

Aunque no puede escoger entre las modalidades que practica- pintura, escultura, orfebrería y otras- cita sin dudar a sus escultores favoritos, Xoán Piñeiro, Antonio Dávila y, como no, Miguel Ángel. «Fui a Italia dos semanas para conocer Florencia y acabé pasando tres meses increíbles», comenta el artista.

Ahora ha encontrado su paraíso en Mondariz Balneario «porque en Vigo me agobio y es imposible crear» y los encargos no le faltan. Por el momento, dar vida alas tres mujeres y el hombre que talla en el árbol centenario.