Piedras de un convento franciscano para usar de defensa

La Voz

VIGO

El origen pacífico y religioso de las piedras que sirvieron para conformar la muralla dista mucho de su objetivo. Aunque un convento franciscano sirvió de cantera para esta fortificación, lo cierto es que su principal función era la de la defensa.

La edificación data de mediados del XVII, cuando el duque de Braganza tomó Salvaterra y construyó la fortificación para asegurarse la defensa de Portugal. Finalmente, en 1659, los españoles reconquistaron el territorio, que se convirtió finalmente en el municipio de Salvaterra de Miño.

La autoría de las obras de la fortificación se le atribuyen al ingeniero mayor Carlos de Lessar, que se encontraba trabajando en la frontera de la «raia», en la provincia portuguesa de Tras os Montes. Los posteriores estudios arqueológicos encargados por el Concello han confirmado la existencia de una antigua muralla que circundaba la fortaleza y que fue destruida en una de sus partes para construir una pequeña puerta que facilitase el acceso a los carros de caballos a finales del siglo XIX.

Descubrimientos

Los trabajos de arqueología han puesto de manifiesto también la existencia de espacios abiertos para los cañones. Se ha incluso localizado la base de uno de los asentamientos de estos cañones que defendían la fortaleza, hecho en sillería de granito.

También se ha conseguido probar la existencia de un foso que rodeaba la muralla por donde circula en la actualidad la calle Marqués de Viana. Las tareas de estudio continúan todavía en el lado norte, en un espacio de 57 metros en el que se trabaja.