Las empleadas de la fábrica textil de Arcos de Valdevez que la compraron por un precio simbólico, tras abortar su desmantelamiento, baten récord de facturación
11 dic 2007 . Actualizado a las 12:41 h.Tomaron por la fuerza una fábrica para defender sus empleos, trabajaron como titanes durante los dos años siguientes sin saber qué les deparaba el futuro, consiguieron comprar la empresa por un euro y, ahora, cierran el año con un volumen de facturación de 900.000 euros.
No es el guión de una película, ni siquiera el de un cuento de Navidad de los que estos días comienzan a llenar las parrillas, aunque tiene todos sus ingredientes, incluso el del final feliz.
Concepción Pinhâo, es una de las principales protagonistas de esta odisea protagonizada por los empleados de una fábrica textil de Arcos de Valdevez sobre la que planeaba un alzamiento de bienes. Los trabajadores sorprendieron a los dueños de «Afonso-Produçao de vestúario» en la madrugada del 29 de noviembre del 2004, cuando intentaban desmantelar las instalaciones para trasladar la actividad a la República Checa.
La operación fue boicoteada por cerca de un centenar de empleadas que tomaron la empresa para impedir lo que ellas consideraban «un robo» mientras los propietarios se refugiaban en Alemania.
La empleada que lideró esta lucha por la permanencia, gerente entonces y, actualmente empresaria, recuerda aquellos momentos como «una auténtica pesadilla, yo creía que la empresa podía ser rentable, sabía de la calidad de nuestro trabajo y por eso luchamos, para defender nuestros trabajos».
Concepción Pinhâo recuerda además cómo tuvieron que hacer guardias nocturnas durante los seis meses siguientes a ese motín para evitar escenas similares, mientras mantenían la actividad diaria. «Fue sólo posible gracias al espíritu de sacrificio de todos el equipo y colaboradores», señalaba ayer.
De hecho y, hasta el año pasado, continuaron trabajando «cun sistema de autoxestión, cobrando só aquilo que confeccionábamos», explica la gerente, que se convirtió en empresaria a mediados del año pasado, «cuando, a través do abogado dos antigos propietarios conseguimos mercala por un euro».
Ya tenía camino andado porque además de llevar 25 años trabajando en el sector textil, tenía estudios de economía. Aún así era una apuesta arriesgada y una lucha diaria, porque también habían heredado una deuda de 250.000 euros.
Lucha
El esfuerzo, «o de toda a plantilla» se vio recompensado y la unidad cierra el año con un volumen de facturación de 900.000 euros, casi el doble de lo alcanzado el primer año de autogestión. Concepción Pinhâo sostiene que «durante este tempo, vivíronse momentos moi duros, incluso pensamos en desistir, pero ao final conseguimos sair adiante e nunca se deixaron de pagar os salarios a fin de mes».
«Foi un pesadelo, pero o sonño aínda non está cumplido», afirma. Y eso, pese a haber conseguido sanear las cuentas, ampliar la plantilla en cinco trabajadores, haber invertido 120.000 euros en maquinaria y confeccionar hasta 850 camisas al día. Parte de esa producción se exporta a España y a otros países.
Sin embargo, el afán de superación no acaba aquí y las empleadas aún no quieren hablar de sueños cumplidos hasta que se cumplan otros objetivos como «se é posible, aumentar a facturación para conseguir realizar novas inversións, tamén en maquinaria que permitan unha maior rentabilidade».
Ya han demostrado que su historia poco tiene que ver con la fábula de la lechera sino con una fórmula basada en «la cooperación, el trabajo y el intento contínuo de superación». La experiencia de la nueva propietaria también deja entrever la aplicación práctica de cualidades que la mujer potencia en el ámbito empresarial. «Creo que, tal vez, teñamos un maior espíritu de sacrificio e luita, ademáis somos máis conscientes da importancia e necesidad de ter unha independencia financiera». Con paso firme, pero sin ostentaciones, Concepción Pinhâo reconoce, con humildad que «sempre crein que íamos chegar a bo fin, pero nunca pensei en tanto nin tan rápido».