La solidaridad se resiente cuando suben los precios

VIGO

La crisis económica ha rebajado las donaciones a las instituciones benéficas

10 dic 2007 . Actualizado a las 13:37 h.

«Con lo que ha subido todo la gente se aprieta el cinturón y rebaja las ayudas que daba». Esta visión, de la hermana Beatriz Herrero, de las Siervas de Jesús, es un fiel reflejo de los que viven en estos momentos muchas de las entidades benéficas de la ciudad.

Cuando llenar el depósito se ha convertido en un lujo y pagar la hipoteca en un milagro, la solidaridad se resiente y muchos bolsillos ya no alcanzan a compartir.

De este modo, bajan los donativos económicos y también los de víveres, según reconocen en el Banco de alimentos. «Aunque la bajada de recogida en los supermercados se puede achacar a que hay gente aburrida de que le pidan cosas, en los colegios no es habitual», asegura Eduardo Espiñeira.

Operación kilo

La operación kilo de los centros educativos amenaza este año con ser especialmente floja, por lo que se ha visto hasta ahora. En los dos colegios en los que ya se ha realizado, el número de bolsas ha descendido notablemente, una sensación que se cree que se repetirá en las visitas a los otros 35 puntos de recogida que tienen distribuidos por la ciudad.

Los alimentos que salen de la sede de la calle del Pino se reparten posteriormente a 128 comedores, asilos y parroquias de toda Pontevedra.

Entre los receptores se encuentran las Siervas de Jesús, aunque su tarea más que repartir comida es ayudar a cuidar enfermos a domicilio. Las ayudas que las familias de estas personas les facilitan, son su medio de subsistir. «Con eso de la crisis la gente dona menos, pero nosotras tenemos para subsistir y con eso nos llega», comentan las religiosas.

Esta sensación es la misma que perciben en la sede de los Hermanos misioneros de los enfermos pobres. «Nosotros vamos de postulación pidiendo donativos por la zona de Teis y ahora a la gente le cuesta más», asegura el hermano Donaire.

No todas las entidades sufren los cambios de agujero en el cinturón de los vigueses. En el caso de las donaciones de empresas y otras entidades, principales donantes del comedor de La Soledad, el bajón no se ha notado. «La gente se acuerda mucho de estos centros y gracias a la providencia nunca hemos dejado de repartir comida y ayuda», apuntan desde el comedor La Esperanza. En sus mesas atienden cada día a grupos de personas que varían desde 60 a 130. Además, también tienen servicio de duchas y de ropero para los necesitados.