Francisco Castro: «El edificio del Náutico es inviolable»

VIGO

El hijo del arquitecto que diseñó el inmueble está dispuesto a llevarse las cenizas de su padre de Vigo si llega a modificarse

30 nov 2007 . Actualizado a las 11:21 h.

Rehabilitar y restaurar, lo que haga falta; modificar, ni un ápice. Esta viene a ser la postura de Francisco Castro, hijo del arquitecto del mismo nombre que diseñó el Club Náutico a principios de los años 40. Está convencido de que, finalmente, se impondrá la cordura, además de la ley, y el cerramiento que se proyecta hacer en la terraza para instalar un restaurante nunca se llevará a cabo.

Esgrime fundamentalmente motivos artísticos y sentimentales para su frontal rechazo al proyecto. «Los legales, llegado el caso, se los dejo para otros. Porque confío en que si insisten en seguir adelante con la idea, alguien habrá que recurra la licencia», afirma. Entre los motivos sentimentales subraya que el Náutico fue siempre la obra mimada de su padre, la más querida. «Lo dijo por activa y por pasiva, en público y en privado. Junto con el Sanchón es la arquitectura más de autor que desarrolló», dice. Hasta el punto que una gran fotografía del boceto presidía su despacho. «Cuando murió pasó a presidir el mío», explica Castro.

Añade que fueron varias las ocasiones en las que sucesivas directivas le plantearon hacer modificaciones, que siempre obtuvieron un no por respuesta. «Les decía lo mismo que les puedo decir yo ahora a los actuales gestores, que entendiendo que puedan tener problemas económicos, tienen que ser conscientes de que reciben un patrimonio que, a su vez, han de dejar en herencia».

Hace especial hincapié en que el Náutico no es un edificio más, sino que es un símbolo de la arquitectura racionalista, diseñado por uno de los profesionales más reconocidos en este campo. «Sus obras, y ésta en concreto, figuran en los libros de texto, amén de en tratados de arte como ejemplos del período de posguerra en el que eclosionó este estilo, que sentó las bases de la arquitectura moderna».

Tan sensibilizado está Francisco Castro con el posible cierre de la terraza que afirma que si finalmente se concretara la obra, pediría a la directiva del Náutico que retirara la placa con el nombre de su padre que hay en el vestíbulo y que se la entregara a sus herederos. Pero aún va más lejos: «Me llevaría las cenizas de mi padre de Vigo, más que nada porque significaría que en esta ciudad no habría nadie dispuesto a defender una arquitectura de autor que es inviolable».

Al margen de criterios legales, estéticos o sentimentales, añade un último profesional: «Tengo serias dudas sobre si la estructura es la adecuada para la sobrecarga que pretenden meter. Los cálculos primitivos se hicieron pensando para un uso de terraza, no en cerramientos, tabiques, cubiertas y qué se yo cuántos elementos más».

Mientras tanto, la solicitud presentada por el Náutico ante el Concello sigue su curso. La comisión de seguimiento del Plan Especial de Edificios informó favorablemente la propuesta de licencia con varias matizaciones.