La nueva vida de «Jokin» Caparrós

VIGO

El utrerano ha logrado el apoyo de San Mamés gracias a su esfuerzo por integrarse en el Athletic y en Bilbao, pero una derrota ante el Dépor podría ser un punto de inflexión

23 nov 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

Apoyados en la barra de un céntrico bar de Bilbao, y mientras la clientela no quita ojo de la tele (Arguiñano está troceando un salmón de tamaño descomunal), un jubilado y un treintañero discrepan sobre cuestiones trascendentales para el devenir del Athletic: «Ya era hora de que un entrenador obligara a trabajar a esta panda», decía el señor, mientras que el joven le recordaba: «Sí, mucho Caparrós, pero estamos a un punto del descenso». Así están las cosas en el botxo . Hasta ahora, ha habido un apoyo mayoritario al trabajo del ex entrenador del Deportivo, pero los resultados no acaban de sacar al equipo de la zona caliente y los cimientos de ese apoyo podrían resquebrajarse el domingo (17.00 horas) si el Dépor saca tajada en San Mamés.

La llegada del utrerano a Bilbao fue una sorpresa. Los más viejos del lugar solo recuerdan un caso de un técnico español, pero no vasco, que dirigiera al Athletic. Y de eso ha pasado ya un mundo. Pero, curiosamente, su fichaje no fue objeto de debate: «Su llegada ha ido contra lo que parecía una norma no escrita del club, pero no ha habido problemas con que fuera andaluz. Con él se produjo un curioso consenso electoral. Por otro lado, le ayudó que las experiencias anteriores con Mendilibar y Sarriugarte no salieran bien», dice el periodista José Iragorri, de Radio Popular de Bilbao.

Javier Ortiz de Lezcano, informador de El Correo bilbaíno cree que fue bien acogido porque «su vehemencia cala bien en la grada de San Mamés y en cierta forma recordaba al efecto que causó en su día Luis Fernández. Se mueve con firmeza con los jugadores. Y el Athletic es el club de España que más depende de sus jugadores». Joseba Inchaurraga, vicepresidente del club vizcaíno y responsable del área deportiva, dice: «Joaquín daba el perfil que buscábamos. Un técnico experto en Primera, que apostara por la cantera y que tuviera un carácter duro y exigente, al mismo tiempo que fuera capaz de hablar con los jugadores y que consiguiera una mayor relación entre Lezama y el primer equipo».

Lotina da su opinión

Hasta el propio Miguel Ángel Lotina, entrevistado durante estos días en todos los medios de Bilbao, se ha manifestado sobre el asunto: «Creo que fue un acierto fichar a Caparrós. Es un tipo de técnico que cae bien en la grada de San Mamés porque exterioriza mucho sus emociones».

Lo cierto es que en los primeros días, el andaluz se metió en el bolsillo a todos: «Desde el primer día, la gente se mostró dispuesta a llamarle Jokin», dice Ortiz de Lezcano. Caparrós ha cuidado mucho su integración en la sociedad vasca. Guiños como decir gabon o egunon, (buenas noches y buenos días en vasco); acudir a la feria taurina durante las fiestas, o vivir en las cercanías del Museo Guggenheim y asistir a un gran número de actos que se celebran en la ciudad, le han ayudado a ser considerado uno más de la gran familia rojiblanca. «Habla del alma, de la historia del Athletic, de la afición, de que es un club especial...», dice Iragorri.

¿Y el fútbol? Todos creen que el equipo ha mejorado con Caparrós: «Se defiende mejor, hay más orden y se ha recuperado el tono competitivo perdido», dice Lezcano. «Estábamos fatal en defensa, sufríamos mucho en la estrategia y Joaquín nos ha dado seguridad. Pero la mejoría se tiene que traducir en puntos», añade Andoni Ayarza, ex jugador rojiblanco. Iragorri apunta que «cuesta hallar el equilibrio porque cuesta llegar arriba».

La verdad es que el año pasado por estas fechas fue cuando se produjo la sustitución de Sarriugarte por Mané. El Athletic llevaba ocho puntos en su casillero, es decir, cinco menos que ahora. De todas formas, las mejoras de Caparrós no han permitido alejarse de los puestos de descenso. Ante el Dépor, habrá en juego algo más que tres puntos. En caso de perder, podría quedarse sin el apoyo de la grada. Podría dejar de ser Jokin para volver a ser Joaquín.