El Celta de López Caro sigue invicto tras tres partidos en los que ha demostrado que está a años luz como bloque defensivo de la etapa vivida con Hristo Stoichkov
29 oct 2007 . Actualizado a las 02:00 h.El buque celeste hacia Primera partió ayer de El Molinón. La entrada de un soplo de aire fresco en el banquillo sirvió para rehabilitar jugadores, ganar en seriedad, y obtener el compromiso necesario para que este equipo pueda alcanzar su objetivo marcado, que no es otro que el del ascenso.
Lequi dio en el clavo al terminar el partido. «Hemos ganado en mezquindad», dijo el central. Dicho así suena crudo pero vino a explicar como este bloque ha adquirido el oficio que le faltaba para rodar por esta categoría. Ante el Sporting, que hasta ayer estaba invicto, el Celta demostró que dispone de extraordinarios futbolistas con un comportamiento defensivo exquisito. La pareja Contreras-Lequi, en la vuelta del chileno tras cuatro meses sin competición, evidenció que el club vigués estaba errando al despreciar a estos futbolistas.
López Caro, que sigue sin perder, dijo cuando llegó a Vigo que lo primero que quería era arreglar la popa de la nave. Su fútbol empieza por ahí, y para eso sabía que necesitaba un par de obreros especializados. La lesión de Peña y la sanción a Rubén le abrió el camino a la pareja de centrales que llevó al Celta a la UEFA y que quizás, podría devolverle a Primera.
Ayudas globales
Aunque ayer destacó por encima de todo el trabajo de los cuatro jugadores que actuaron en defensa, el compromiso del resto en su apoyo fue fundamental. Vitolo fue el de siempre pero además cuenta con el sacrificio de Jorge al que le que quedan momentos para la inspiración, como el pase del gol, pero también para desfondarse. Las ayudas fueron constantes en los marcajes. El Celta supo darle el balón al rival donde no le hacía daño para quitárselo y meterle miedo. Adrián, Diego Costa o Núñez estuvieron deslucidos en ataque pero aportaron su colaboración en el repliegue. El más sacrificado de los puntas fue una vez más Okkas. El chipriota tiene además de una gran capacidad de definición, un enorme espíritu colectivo.
Un «eagle» de Okkas
El jugador llegado del fútbol griego, hizo ayer un gol de los que tienen con el tiempo un valor incalculable. Lo celebró marchándose al córner y metiendo un putt que bien pudo suponer bajar dos golpes sobre el par del hoyo, o lo que es lo mismo hacer que su equipo pase el corte y mantenga todas sus esperanzas de salir victorioso del torneo. Tuvo dos y metió una. Más efectividad no se le puede pedir. Su equipo agradecería que otros compañeros como Perera o Manchev puedan ir ayudándole, y esto parece más sencillo con los marcadores a favor.
La dirección correcta
Con Antonio López en el banquillo y López Caro con el móvil desde la grada, el Celta estuvo bien dirigido. En todo momento supo a que estaba jugando. Sólo en el inicio de la segunda parte tardó unos minutos de más en introducir el primer cambio y el partido entró en un corre calles.
La presencia de Mario Suárez le dio al bloque un punto de control de la situación. Después la entrada de Perera, refrescó la presión que debía ejercerse arriba. Fue un buen augurio ver como los puntas impedían en los últimos minutos que el balón saliese de las proximidades del meta sportinguista. Por último, la entrada de Agus fue otro punto de seguridad para un equipo que esta vez sí, supo mantener un marcador en ventaja.
No encajar, igual a victoria
Los tres partidos en los que el Celta no ha recibido gol en esta campaña han concluido con una victoria celeste. Frente al Polideportivo Ejido, Las Palmas y el de ayer. Es muy extraño que el cuadro vigués, con su portería a cero, no sea capaz de acertar con el marco contrario en alguna ocasión. Las únicas jornadas en las que los celestes se han quedado sin marcar han perdido. Eso sucedió frente a Éibar y Elche. Por el momento, el 0-0 es un resultado por el que este equipo no apuesta. Su próximo rival, el Racing, igualó sin goles con la Real y el Sporting.