Un jurado con mucho trabajo

Soledad Antón soledad.anton@lavoz.es

VIGO

Un total de 1.300 obras han recibido este año en Terras Gauda. Tal es la respuesta que está teniendo la iniciativa que las instalaciones de la bodega rosaleira empiezan a quedarse pequeñas para albergar tanto panel. Ni las previsiones más optimistas podrían vaticinar semejante avalancha hace seis años, que fue cuando echó a andar la iniciativa. Ni siquiera las del optimista por naturaleza José María Fonseca, a la sazón padre de la criatura.

Armados de libreta y bolígrafo, tomaban y retomaban notas los miembros del jurado. «Uffff», fue lo primero que acertó a decir uno de ellos nada más acceder a la sala en la que estaban expuestos los trabajos. Era su particular forma de expresar la ardua tarea que tenían por delante. Y es que nadie podía moverse (salvo para reponer fuerzas a la hora de la comida) hasta no consensuar los 40 finalistas que marcan las bases, primero y, a renglón seguido, el cartel ganador.

Sí, la suerte está echada desde ayer, pero Pilar Barreiro (viuda de Mantecón), Takahiro Shima (ganador de la pasada edición), Alberto Luchini, Juan Fernández (del estudio de Manuel Estrada que a la misma hora estaba camino de Tokio) y, por supuesto, José María Fonseca, no van a soltar prenda hasta el 16 de diciembre, que es la fecha elegida para la entrega de premios.

Cuentan en Terras Gauda que esta es la edición más internacional, ya que ha llegado obra de los cinco continentes. Bien se nota en algunos carteles. Está claro que no todos los artistas han sido capaces de situar a Galicia en el mapa, lo que les ha llevado a apostar por tópicos más propios de otras regiones.

Takahiro Shima, por ejemplo, reconocía que nunca antes de recibir el premio había estado en España. Y que Galicia ni siquiera sabía que existía. Se limitó a echar mano de la imaginación partiendo de la base de que una bodega que había tenido la idea de organizar un concurso así tenía que hacer un buen vino a la fuerza. «Y como a mí el vino me gusta mucho...», apostilló el profesor de la Universidad de Osaka.

Son los que hace que murió Francisco Mantecón. El pintor fue, desde el nacimiento de la bodega (en realidad desde antes), el encargado de diseñar la imagen de la firma. Se fue demasiado pronto y, pese a ello, dejó su huella en forma de mucha, mucha obra.

Pilar Barreiro, su viuda, se ha fijado como tarea ordenarlo todo (o casi). El objetivo es confeccionar un catálogo lo más completo posible. «Es algo que tengo la obligación de hacer como legado», dice. Hay un segundo proyecto que también acaricia Pilar, organizar una exposición antológica.

Su trabajo de profesora de Literatura apenas le ha dejado tiempo para esbozar ambas ideas. Por eso espera como agua de mayo esa jubilación anticipada que ya toca prácticamente con los dedos de la mano. Pues eso.

Pocas veces la madrina de un buque ejerce el cargo con tanta entrega. Pero es que también pocas veces el barco en cuestión lleva su nombre y lo ha encargado su padre, Javier Villasante. Ocurrió ayer en Barreras con ocasión de la botadura del CTE Beatriz. Sólo tiene 19 años, pero ya puede presumir de portacontenedor. Lo que es el amor de padre. Coche nuevo. En este caso el escenario de la fiesta fue Augasa. El concesionario presentó en sociedad el nuevo Mazda 2. Lo hizo sin reparar en gastos: pulpeira, cortador de jamón... y, claro, cientos de invitados.