La denominación de origen Rías Baixas dio ayer por concluida la vendimia de este año. Al final, se han cumplido los peores presagios y la diferencia, en lo que a cantidad se refiere, es de un 38% con respecto al pasado ejercicio. A cambio, la calidad es incluso mayor, pues la uva ha entrado en las bodegas con un buen equilibrio entre grado y acidez. La cosecha se quedó así en 18.722.173 kilos.
Los trabajos de recogida transcurrieron en esta ocasión con mucha más tranquilidad. La práctica ausencia de lluvias durante la vendimia permitió a bodegueros y viticultores tener paciencia más que suficiente para esperar a que la uva alcanzara los niveles adecuados. El resultado se está ya viendo en los nuevos mostos. «Muy aromáticos y con un buen equilibrio entre grado y acidez» es la descripción que han transmitido desde el consello regulador.
La denominación de origen está más que satisfecha con la nueva producción. Hay que tener en cuenta que ésta se vio afectada por condiciones climatológicas adversas que, además, llegaron en momentos cruciales para el desarrollo de la planta. Fue el caso de las lluvias del pasado mes de mayo, que provocaron pérdidas en los futuros racimos al coincidir con el momento de la floración. Tampoco el verano, que no alcanzó sus tradicionales altas temperaturas, permitió que el fruto madurara adecuadamente. Además, a finales de junio llegó el mildiu, cuya repercusión, afortunadamente, fue poco significativa gracias a la profesionalización de los viticultores que evitaron los daños.
Afortunadamente, la situación mejoró al llegar el mes de septiembre. El buen tiempo y el calor permitieron que el fruto madurara adecuadamente y que los bodegueros pudieran llevar a cabo, aunque con un poco de retraso, la vendimia.