El «lobby» que cambió Vigo

Luis C. Saavedra M. Sío Dopeso

VIGO

Transcurrida una década desde su creación, los cuatro presidentes del Club Financiero aseguran que « no hay político o fuerza de ninguna naturaleza que pueda tumbarlo»

14 oct 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

Todo producto o material empresarial que se siembre en Vigo, acaba prendiendo. La capacidad emprendedora de los vigueses está en los genes y no ha dejado de sorprender a los cuatro presidentes del Club Financiero Vigo (CFV), que coronará su décimo aniversario de existencia con un acto que presidirán los Príncipes de Asturias en próximo día 18.

Por orden en el cargo, José Manuel Fernández (1997-2001), Ángel López Soto (2001-2004), Juan Güell (2004-2007) y Jaime Borrás (2007-) se muestran en una entrevista colectiva con La Voz como unos fervientes admiradores de la sociedad viguesa en su conjunto.

Tras unos minutos con un conversación al ralentí, este cuarteto finalmente rueda hacia lo inevitable: el Club Financiero, sostienen, era necesario en una ciudad como Vigo y, además, «ningún político o fuerza de ninguna naturaleza puede tumbarlo, porque se ha ganado su prestigio a pulso, lo ha hecho siempre sin subvenciones públicas y, modestamente, ha sabido estar y está en los temas que importan a los ciudadanos», declaran en total sintonía los cuatro artífices de la primera década de vida del «lobby» empresarial vigués.

Lo cierto es que, por extraño que parezca, lo que es hoy el CFV es un cúmulo de sorprendentes hechos positivos. Para empezar la sede actual es, al menos, la tercera de la opciones elegidas en primera instancia por su promotores, entre los que destacan la familia Fernández Alvariño, Jesús Bahíllo y Manuel Núñez, entre otros. Las calles de Oporto y la urbanización de los antiguos cines Tamberlick, promovida por Inmobiliaria Meridional, propiedad de José Alberto Barreras, fueron los primeros objetivos. Costaba la operación unos 1.000 millones de las antiguas pesetas. Empezaron el asunto con 12,5 millones de pesetas, que entregaron a cuenta y en efectivo.

Corría el año 1993. Fernández Alvariño, según recuerda, iba acciones en mano detrás de todo aquel que pudiese ser uno objetivo para desembolsar los más de dos millones de pesetas que costaba cada acción.

«Fue duro» rememora López Soto, «porque no existía nada y había una dispersión empresarial muy típica de muchos ámbitos de Galicia, éramos todos competidores y eso impedía proyectos de este tipo; pero poco a poco se fue haciendo, todo de forma bastante provisional, y hoy podemos decir que este es un club privado que ha fomentado precisamente la unión y la reunión entre empresarios, no sólo el CFV, sino la CEP y la Cámara de Comercio», afirma.

Hay un antes y un después del Club Financiero. «Poco poco se convirtió en un punto de encuentro de los empresarios y se fue creando una masa crítica, porque ya no nos acordamos de cómo éramos hace diez años. Los empresarios no coincidíamos, ha habido un cambio enorme», afirma Guëll.

«Privados e independientes»

Con la masa empresarial a su favor, ya sólo era cuestión de poco tiempo el que el CFV se convirtiera en un portavoz autorizado de la ciudad ante cualquier centro de poder, como ha ocurrido con la reivindicación del tren de alta velocidad o de la demanda de inversiones en el aeropuerto.

«Ha sido la evolución prevista desde un principio. Ir ganando en principios y en prestigio nos ha hecho fuertes», afirma Alvariño.

Para López Soto la clave del éxito ha sido la gran dosis de seriedad en los planteamientos. Para Jaime Borras, también ha sido determinante el entusiasmo de liderar un proyecto avalado por la sociedad civil. «Somos privados e independientes, y eso nos legitima aún más», afirma.

Los cuatro presidentes del CFV reconocen que los planteamientos son cada vez más reivindicativos en cuestiones de ciudad, y lo justifican porque «el club se ha convertido en un semillero de empresarios emprendedores y comprometidos. Aquí estamos todos», afirma Guëll.

Los cuatro hablan con orgullo de las diferentes etapas en las que les ha tocado presidir el club, cada una con sus dificultades, pero también con sus éxitos. «Estamos sorprendidos por lo lejos que hemos llegado, ¡quién nos iba a decir hace diez años que iban a venir los Príncipes de Asturias a nuestro aniversario», afirma Alvariño.