Vicente Fernández, Eugenio González Diz y Enrique Fontán Álvarez entraron hace 40 años a trabajar como bomberos de Vigo. Los tres, nacidos en 1944, suman 189 años de experiencia. Ayer lo conmemoraron en el parque central de Teis, donde trabajan. Fue un buen momento para recordar sus mejores anécdotas en el servicio. Les quedan dos años para jubilarse y el pasado fin de semana se reunieron en un restaurante de Bueu para celebrar este pecular aniversario «con gran armonía» y acompañados de sus esposas.
Vicente aún rememora su primera misión como si fuese ayer. Corría 1967 y lo avisaron para sofocar un fuego en As Travesas. «En aquella época, lo peor era llegar sucio y sudado de un incendio y carecer de agua caliente. Era muy duro ducharse en agua fría», relata este veterano, el único sexagenario que realiza salidas a la calle. También fue conductor y oficinista. Otro de ellos atiende las llamadas en la centralita.
Estos veteranos difícilmente olvidan algunos servicios espectaculares. Uno de sus primeros exámenes fue el fuego que devastó la fábrica Cardona a finales de la década de los 60 en Santa Eugenia de Ribeira. El coche autobomba recorrió 150 kilómetros de tortuosas carreteras heladas en plena madrugada hasta llegar a la villa coruñesa. «Las latas volaban por los aires y decíamos: 'Abre la boca que viene la sardina'», recuerda Vicente. Su jefe, Pedro Lapuente, ya fallecido, siguió al camión en su propio coche y, durante el viaje, se salió tres veces de la carretera. «A las seis de la madrugada llegaron los empleados y no paraban de llorar al ver que habían perdido su puesto de trabajo», recuerda este bombero.
También les impresionó años después el incendio de Massó, en Cangas, con dos empleados fallecidos. Asimismo fue complicada su actuación en el siniestro sufrido por la sala de fiestas Electra en Urzaiz, o los continuos fuegos en los barcos que entonces atracaban en Vigo para ser reparados en los talleres de Beiramar. El buque Miño de Pescanova les dio «mucha lata». No fue la primera vez que ardió un barco pesquero en medio de la ría. También dedicaron tres días en sofocar las llamas de la fábrica Zeltia en O Porriño. Vicente todavía recuerda el zumbido de los aerosoles que explotaban. La colaboración portuguesa fue bienvenida.
En aquella época, carecían del equipamiento antiincendios de ahora. Entonces, la falta de medios la suplían con ingenio. Por ejemplo, cuando tuvieron que improvisar y subirse a una balsa en el río Miño para bombear agua hacia Tui. Les ayudaban sus colegas lusos, que conseguían el agua de un estanque con peces.
Vicente cree que, actualmente, Vigo tiene muchos medios contra los incendios pero quizás requiera más personal. Buen café en el Xeral. La oenegé gallega Amarante ha logrado introducir su programa Bo Café en el Complejo Hospitalario Universitario de Vigo. Con ello, la oenegé pretende promover la distribución del café de comercio justo en instituciones y empresas. El programa empezó a funcionar hace dos años con el impulso de la Dirección Xeral de Cooperación de la Xunta y en este tiempo se ha desarrollado en varias instituciones públicas y en cinco empresas de servicio de máquinas de bebidas caliente.
La importancia de este acuerdo está en el volumen, ya que el Chuvi es el área sanitaria más importante de Galicia en número de pacientes, pero también en que servirá de ejemplo dentro del Sergas para trasladar la iniciativa a otros centros de la comunidad.
El café de comercio justo que se servirá en el Chuvi es colombiano natural cien por cien, con tostado tradicional y procedente de diversas cooperativas y pequeños agricultores asociados a la Federación Nacional de Cafetaleros de Colombia.
El Centro de Transfusión de Galicia que dirige el médico vigués Julio Cabrera ha mostrado su reconocimiento público a los trabajadores de la factoría del grupo PSA en Balaídos. ¿Por qué? Sencillo: cada año donan más sangre.
Citroën es la empresa española que más aportaciones hizo en el 2006 con nada menos que 3.821 donaciones recogidas. En lo que va de 2007 ya llevan 3.561 y se avista un nuevo récord.