El universo paralelo de «A Casa dos Anxos». La vida en los dominios de esta apacible propiedad gondomareña discurre a un ritmo diferente al del resto del mundo. Basta traspasar sus muros para comprobarlo. La culpable es Ani González, mujer emprendedora donde las haya pero, sobre todo, defensora a ultranza de la máxima de que prevenir es curar. Por eso su casa, amén de otras muchas cosas, es un referente de hábitos saludables.
Desde que hace un par de años A Casa dos Anxos abrió sus puertas el boca a boca no ha dejado de funcionar. Aunque Ani sabía muy bien lo que quería hacer, no en vano llevaba años madurando el proyecto, optó por avanzar despacio. Pasos cortos pero firmes. Jugaba con ventaja y lo sabía. La que le proporciona una finca llena de vida y al mismo tiempo silenciosa, aparentemente a años luz del mundanal ruido cuando lo cierto es que está a tiro de piedra.
En cuanto los primeros clientes aprobaron la asignatura del escenario (con nota), dio el paso siguiente. Sumó a la oferta de turismo natural un complemento no menos atractivo, la aplicación de terapias personalizadas: aromaterapia, musicoterapia, hidroterapia, reflexología...
A partir del próximo septiembre dará un paso más con la puesta en marcha de una escuela de salud. Antes de explicar los pormenores del proyecto Ani González hace una declaración de intenciones: «Esto no es un negocio, es un centro de ayuda», asegura. Por si no queda claro, aún añade más: «No quiero adictos a las terapias, sino gente que aprenda a cuidarse».
La escuela echará a andar con un grupo de ejecutivos. Como paradigma del perfil de personas estresadas, cuando no angustiadas, será un buen principio. Para garantizarse resultados ha elegido como compañero de escuela al doctor Jorge Carvajal. Especialista en bioenergética que se presenta a sí mismo como carpintero de la conciencia, es licenciado en medicina y cirugía, aunque el motivo último que llevo a Ani a contactar con él fue que se le considera creador de la medicina sintergética.
Muy en síntesis, lo que persiguen Ani y su escuela de salud es recargarnos de energía positiva y ayudarnos a canalizar las emociones y, sobre todo, a facilitarnos las herramientas para que luego, una vez enganchados de nuevo al bucle casa-trabajo-obligaciones-compromisos-casa, seamos capaces de mantener el nivel de energía.
Como quiera que mientras Ani contaba con entusiasmo su proyecto una servidora se acordaba de Santo Tomás, ya saben, aquel de ver para creer, me ha retado (Ani, no Santo Tomás) a probar. Claro, he aceptado el reto, así es que un día de estos podré hablar con conocimiento de causa.
Lo que sí está garantizado, porque eso ya lo probé, es lo de la buena atmósfera que se respira en aquella casa. Traspasar los muros de la finca implica dar vacaciones a la adrenalina. Pero, ojo, que nadie se confunda y acuda buscando el típico paraíso artificial de folleto turístico. Ani lo explica muy bien, así es que me remito a copiar lo que dice: «La casa es pequeña, sencilla, austera, cálida y muy agradable. No tienen nada que ver con balnearios ni spas. Es algo mucho más profundo y terapéutico». Pues dicho queda.
Jóvenes diseñadores, aaaa crear. No se puede decir que tengan muchas ventanas a través de las que mostrar al mundo lo que hacen, así es que cuando se abre alguna hay que aprovechar. Es lo que cada año desde hace once (con este doce) vienen haciendo un mayor número de nuevos creadores a propósito de la pasarela internacional de Vigoferia.
Los organizadores del certamen acaban de abrir el plazo de presentación de trabajos. Los concursantes en potencia tendrán que darse prisa, porque el 20 de septiembre se cierra la ventanilla de admisión. Y no puede decirse que un mes y poco sea tiempo de sobra para preparar una colección. Por pequeña que sea.
No hay que olvidar que lo normal es que los chicos y chicas que se presentan son todos Juan Palomo. Tienen que diseñar, pero también tienen cortar, coser, rematar y hasta planchar. A no ser que sus madres, abuelas o amigos les echen un mano, porque hasta que llegan a hacerse un nombre, no hay detrás modistas, ni sastres, ni talleres, ni perrito que les ladre.
La pasarela de Vigoferia es una cita ya consolidada, como lo prueba el hecho de que no para de ganar adeptos. Es un trampolín por el que el año pasado pasaron cerca de una treintena de diseñadores llegados desde Cataluña, Navarra, País Vasco, Madrid, Valencia, León... amén de cuatro gallegos.
Al final los 2.100 euros del primer premio se los llevó Iván Sánchez, un joven porriñés que ya había demostrado su buen hacer en Tesoira y que cualquier día veremos en Cibeles. Está claro que en O Porriño hay un microclima propicio para creadores de las más diversas disciplinas. Cuando el bule-bule cultural que vive la villa eclosione vamos a ponerla en el mapa por algo más que por el granito que lleva su nombre.
Refranero. «A chuvia no mes de agosto, non é mel é mosto». Pues es lo que les faltaba a los apicultores.