La Mirilla
12 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.Porque, en buena medida, eso fue ayer la tradicional celebración del Día de Portugal. Las dos protagonistas principales del acto, Corina Porro y María Regina Flor e Almeida, sabían que aquél marcaba un punto y aparte en sus respectivos cometidos institucionales. La alcaldesa porque el sábado cederá el bastón de mando de la ciudad, y la cónsul porque el Gobierno portugués (por cierto un poco miope) ha apostado por rebajar la categoría de la oficina consular viguesa. Total, que la primera cambia los aires de la calle Areal por los de la plaza do Rei, en tanto la segunda hace lo propio con los de Vigo, en este caso por los de Nueva Delhi. Lo curioso del caso es que Corina Porro y María Regina Flor no sólo comparten despedida, sino que también compartieron desembarco hace algo más de tres años. Vidas paralelas. Hasta los asesores de la alcaldesa y de la cónsul parecieron ponerse de acuerdo. Y es que eligieron argumentos similares para los discursos. Las dos hicieron referencia al buen entendimiento que, desde siempre, ha primado en las relaciones entre Galicia y Portugal; y las dos se van con la sensación de que han puesto todo lo que estaba en su mano para seguir ahondando en ese camino de hermandad. Confían (eso dijeron) en que el trayecto que aún resta por andar se siga haciendo de ganchete. «Si los vientos de la historia y la política nos separaron un día, hoy el escenario es diametralmente opuesto», afirmó Regina Flor e Almeida, que añadió que la raía no es ya una frontera, sino un punto de encuentro que permite apuestas comunes a ambos lados del río Miño. Pero fue un poco más allá al señalar que, con ser importante la construcción de la eurorregión y la cooperación transfronteriza en temas económicos o de infraestructuras, se impone ser más ambiciosos y dar un paso más en investigación, cultura, educación, mercado laboral... Mientras la cónsul leía esta parte del discurso, la mayoría de los presentes asentían con la cabeza. Por ejemplo, Francisco López Peña, Jesús Bahíllo, José Costas, Fernández Alvariño, Delfín Fernández o las distintas autoridades civiles y militares, amén de su homónima argentina, Georgina Bortolotto. Corina Porro empezó por subrayar que, fruto de ese nuevo modelo de ciudad en el que su gobierno estaba volcado, la plaza de Portugal, escenario del acto, cambió de aspecto hace pocas semanas. También echó mano de la historia para recordar que la fortaleza de los lazos que unieron a gallegos y portugueses hasta el siglo XIII, no hubo luego muralla que los rompiera. «Y en Vigo se refleja como en ninguna otra parte ese hermanamiento», dijo. Recordó que el Centro Portugués de la ciudad ya cumplió ochenta años y que la raía es, en realidad, otra forma de unión. Aprovechó para pedir que la Alta Velocidad llegue cuanto antes y para apostar por la puesta en valor de las relaciones entre ambos pueblos. Ni que decir tiene que en cuanto la banda de música municipal de Pontevedra terminó de interpretar los himnos (gallego, portugués y español), los periodistas presentes (muchos) nos lanzamos en tromba en busca de noticias de futuro. Corina Porro fue tajante: «He apostado por esta ciudad; dejé en su momento una consellería para venir, por tanto que nadie dude que voy a seguir trabajando por ella, ahora desde la oposición». Pudo decirlo más alto, pero no más claro. En lo personal, espera con impaciencia la llegada de su primera nieta («acabamos de saber que será niña») a la que, seguro, podrá dedicar más tiempo del previsto. Por su parte María Regina Flor aseguró que se va pero que Vigo va a seguir siendo un referente en su vida. Y es que aquí va a seguir cursando Bachillerato su hijo Frederico. Pero aún dijo más en relación con los afectos. Fue al preguntarle por el legado que deja en Vigo después de casi cuatro años: «Muchos amigos». Eso si que es un lujo. Ya por la noche, en el acto previo a la cena institucional celebrada en el Club Financiero, no faltaron los sones tristes del fado, en este caso doblemente apropiados por aquel sabor de despedida (agridulce como en la canción) al que hacía referencia al principio.