Al camarón de Arcade, la corriente se lo lleva a Euskadi

Laura Míguez Rúa
L. Míguez SOUTOMAIOR

VIGO

La producción total de quisquilla de poza, rechazada en Soutomaior por su escaso tamaño, se envía para consumir en restaurantes vascos como tapa o pincho

27 mar 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

Dice el refrán que «camarón que se duerme se lo lleva la corriente». Pese a estar despierto, el de Arcade desaparece de los barcos para viajar cada año al País Vasco. Esta travesía, que hace después de ser congelado, se debe al poco aprecio que recibe en la zona de la que procede. Su pequeño tamaño, característico de esta variedad de la especie, y su alto precio son la causa de la escasa acogida que tiene entre los restaurantes de Soutomaior. Este inconveniente no ha impedido que su producción haya crecido y llegado el año pasado a los 1.620 kilos, 400 más que en 2005. Para los pescadores este marisco sigue siendo rentable porque envían las capturas enteramente desde hace varios años al País Vasco. «Antes una empresa nos los pedía para hacer potitos de bebé», comenta el patrón mayor de la cofradía de pescadores de Arcade Virgen del Carmen, Antonio Alvarez Freijanes. La desaparición de ese cliente ha colocado ahora el camarón de Arcade en los restaurantes y marisquerías vascas. Hasta sus mesas se encarga de llevarlos cada año desde hace cuatro la empresa Arcale Maxkurtegia. Su dueño, Jesús Aristizabal, comercia con productos del mar como ostras y almejas y conoció este fruto de la ría de Vigo en uno de sus frecuentes viajes a Galicia. «Aquí las marisquerías lo cuecen y lo ponen de entrante, aunque sobre todo se usa para vender en los puestos del puerto de San Sebastian, donde quisquillas y carraquelos (los caramujos gallegos) se toman como pipas, en cucuruchos de papel», comenta uno de los responsables de la empresa, Asier Artola. 13.000 euros de beneficio Pese a que no es una de las especies más importantes de los pescadores de Arcade, el año pasado supuso unos beneficios de cerca de 13.000 euros, con una media de venta de 8 euros el kilo. La temporada de este año, sin embargo, ha dejado un mal resultado en cuanto a capturas. «Nesta ocasión non se mandará nada para alá, porque non foi un bo ano», comenta Javier López, desde la cofradía. Otros años todo lo que se captura se congela hasta que al llegar a los 700 kilos, aproximadamente, la empresa viene a recoger los camarones.