El retraso en la venta de la madera quemada impide recuperar el monte

J. Santos MOAÑA

VIGO

La superficie que ardió en Domaio, Meira, O Hío y Darbo el verano rondó las 630 hectáreas Los comuneros esperan, impotentes, a poder retirar los árboles para iniciar la reforestación

20 mar 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

Los sucesivos retrasos en la venta de la madera quemada el pasado verano impide a las comunidades de montes de Moaña y Cangas afectadas (Domaio, Meira, O Hío y Darbo), iniciar los trabajos de reforestación. La superficie afectada por los incendios rondó las 630 hectáreas. Domaio, con 400 (la mitad de la totalidad del monte comunal), fue la más afectada. En Meira ardieron cien hectáreas. En Cangas se quemaron 130 (55 en O Hío, 45 en Darbo, de las que 24 son comunales y el resto privados; y 30 en terrenos de Aldán de titularidad privada que reclama un grupo de vecinos como monte comunal). Caída de precios El retraso en la venta de la madera conlleva, además, una disminución de su valor, especialmente del pino. El capataz de la comunidad de Domaio, en la que solamente se salvaron del fuego 145 hectáreas de superficie arbolada, calcula que la caída sobre las previsiones iniciales supera el 50%; y sobre una hipotética venta de los árboles en el caso de no haber sido afectados por el fuego, ronda el 75%. El precio final de los 42.000 metros cúbicos de madera que resultó quemada el pasado verano en el monte comunal de Domaio (30.000 de eucalipto y 12.000 de pino) será, aproximadamente, de 300.000 euros. Saldrá a 5 euros la tonelada de pino y 9 euros la de eucalipto, cuando el precio inicial era, respectivamente, de 22 y 18 euros. Domaio tiene la totalidad del monte convenido con la Xunta. Es la Administración la que se encarga de vender la madera, los comuneros se quedan con el 30% de su venta. En la parroquia de Meira ardieron cien hectáreas (80 de monte comunal y 20 de monte privado). El presidente del organismo, Luis Lemos, ve «indicios claros» de que los madereros se pusieron de acuerdo para forzar la baja de los precios, ya que muchas de las subastas convocadas por la Xunta quedaron desiertas. Esta situación afecta también a la pretensión de los comuneros de vender por su cuenta (sin intervención de la Xunta) la madera quemada de las zonas no convenidas. La reforestación de los espacios que ardieron es mínima. Domaio volvió a plantar pinos del año en una zona de unas 25 hectáreas que había reforestado también con pino en abril del 2006 y que fue alcanzada por el fuego. La comunidad de Darbo inició también una replantación de frondosas en Varalonga. Los incendios quebraron, por otra parte, las previsiones de las comunidades afectadas. Sus planes de ordenación, que contemplan los turnos de talas, las previsiones de ingresos y gastos y las de cambio de cultivo o de reforestación, no «sirven para nada», en expresión del presidente de la comunidad de Meira.