IN VICUS | O |
08 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.CUANDO una vía rápida como la del Salnés que sin cumplir los quince años ha sucumbido a unas lluvias invernales, habituales en otros tiempos no muy lejanos para nuestra comunidad autónoma, cuando pueblos enteros se encuentran anegados como nunca antes había pasado en nuestra historia, cuando los ríos han desbordado sus cauces en una tierra acostumbrada a recibir litros y más litros de lluvia durante días, semanas e incluso meses, es evidente que muchas cosas están fallando en una sociedad avanzada como la gallega del siglo XXI. Y aunque esta serie de desgracias parezcan ajenas a nuestra ciudad, lo cierto es que sólo son la expresión más dramática de la avaricia, ineptitud y ceguera de aquellos que queriendo hacer dinero rápido han obviado consideraciones de sentido común, han racaneado en estudios de ingeniería y han utilizado materiales no adecuados para las funciones a desempeñar. Si recorremos Vigo, son muy numerosos los puntos que se ven castigados por inundaciones todos los años: Balaídos, Bouzas, la calle Arenal, el final de la calle Colón, «territorio comanche», sobre cuya responsabilidad ni el Ayuntamiento ni la Autoridad Portuaria se ponen de acuerdo. Hay, además, muchos agujeros, aceras hundidas y baldosas sueltas que amenazan la integridad del vigués de a pie y la circulación del ya castigado conductor. Cuando aún queda mucho otoño por delante es lícito pensar si nuestra ciudad será capaz de soportar toda el agua que todavía está por llegar.